Cuando hablamos de comer con Atención Plena nos referimos al hecho de comer prestando atención a las sensaciones involucradas en el proceso. Desde la preparación de la comida, punto en el que podemos empezar a atender con atención, hasta el poner la mesa, disfrutar de ver la variedad de colores, de formas, de presentaciones de los alimentos. Una vez nos sentamos podemos continuar oliendo los alimentos antes de ingerirlos, tal vez tocarlo, si se presta, para sentir su textura y, una vez en la boca, notar texturas y sabores. Por otro lado ¡la digestión empieza en la boca! cuanto más mastiquemos, menos trabajo tendrá nuestro estómago para digerir. Me decía el otro día una amiga: ¡Los sólidos hay que beberlos y los líquidos masticarlos! 😅 Comer con Atención Plena, aunque sólo sea al beber un vaso de agua, nos permite, por un lado, seguir practicando el estar presentes en lo que hacemos. Por otro lado nos permite disfrutar mucho más de los olores, sabores, texturas, colores y formas de los alimentos. Es curioso como las niñas/os en su primera práctica de Atención al comer, descubren sabores diferentes en alimentos que comen habitualmente. Uno de ellos me dijo que ahora era más consciente de cuando estaba saciado y no necesitaba seguir comiendo. También nos ayuda a tener mejores digestiones, a ser más conscientes de cuando estamos saciados. Favorece el estar más atentos a la información que nos da nuestro cuerpo, porque sí ¡nuestro cuerpo nos habla continuamente! Y es que, cuando aplicamos la Atención Plena a cualquier área de nuestra vida se abre un campo mucho mayor de información para nuestro mayor beneficio. Te invito a hacer la prueba, puedes hacerlo en cualquier momento que te vaya bien, no se trata de tener el tiempo o el lugar adecuado, se trata de, en alguna de tus comidas o, simplemente, tomándote cualquier bebida, lo hagas con Plena Atención, con presencia. ¡Y si te apetece comparte tu experiencia! Nos enriquecerá a todas/os 💞