Se confunde humildad con pequeñez.
Con hacerse menos.
Con esconder la fuerza para no incomodar.
Pero la humildad verdadera no reduce.
Ajusta.
Te coloca en tu tamaño real:
ni superior,ni inferior,solo consciente de lo que eres
y de lo que aún estás aprendiendo.
El orgullo necesita compararse.
La humildad solo necesita claridad.
Quien es humilde no se apaga.
Se vuelve estable.
Y desde esa estabilidad
la fuerza deja de ser amenaza
y se convierte en servicio.