Se suele agradecer al final,
como si fuera cortesía
o una forma amable de cerrar el día.
Pero la gratitud no cierra.
Abre.
Abre la percepción,
ordena la relación con lo que recibes
y devuelve dignidad a lo simple.
Quien solo agradece cuando todo va bien
no está agradeciendo: está evaluando.
La gratitud verdadera no depende del resultado.
Depende del reconocimiento.
Cuando agradeces,
te colocas de nuevo en tu lugar:
ni por encima de la vida,
ni separado de ella.