Mira.
Lo de la motivación es una excusa elegante.Ya está.Suena bien decir “no estoy motivado”.
Porque claro no vas a decir “no tengo un plan claro y me organizo como el culo”.
La motivación no se puede controlar.
Pero la organización sí.
Tú no dejas de ir a trabajar porque no estés motivado.
No dejas de llevar a tus hijos al cole porque no estés inspirado.
Hay cosas que haces porque forman parte de tu vida.
Punto.
El problema es que el entrenamiento y la comida sana todavía no forman parte de tu identidad.
Son algo que “empiezas”.
Y todo lo que empiezas… lo puedes dejar.Lo que forma parte de ti… no lo negocias.
Cuando alguien dice:“Es que cuando estoy motivado lo hago perfecto.”
Yo pienso:
Claro.
Yo también limpio la casa perfecto cuando vienen invitados.
El tema es lo que haces cuando no viene nadie.Ahí se ve la verdad.
Si cada semana dependes de cómo te sientes, vas a tener semanas buenas… y semanas desastrosas.
Y tu físico va a ser un reflejo de esa montaña rusa.
Un mes avanzas.
Dos retrocedes.Y
así pasan los dias.
No necesitas más ganas.
Necesitas menos caos.
Menos cambios radicales.Menos empezar como si fueras a competir en el Mr. Olympia y abandonar al día 12.
Más normalidad.
Más repetir lo básico aunque sea aburrido.
Porque el resultado que buscas no es estar motivado.
Es mirarte dentro de un año y no estar en el mismo punto de siempre.
Eso es lo que de verdad te importa.
No la emoción del domingo.Sino la tranquilidad de saber que esta vez no estás improvisando.
Feliz Sábado,
Pablo