🧭 Estaba construyendo un negocio, pero me estaba perdiendo a mí mismo.
Durante años, operé mi proyecto como un general en tiempos de guerra. Despertaba con ansiedad, miraba el móvil antes de abrir los ojos y medía mi valor personal por lo que había producido ese día. En mi cabeza, eso era "tener mentalidad de tiburón". En mi alma, sabía que eso no era sostenible. Estaba quemando mi activo más valioso: mi propia claridad. Un día paré. Me di cuenta de que no puedes construir un imperio exterior si hay caos en tu interior. Entendí que la verdadera Alta Dirección no va de hacer más, sino de ser más. Así que tomé la decisión ejecutiva más difícil: Empecé a restar. Os dejo las 4 cosas que eliminé de mi vida para recuperar el control: 1 .- Dejé de mirar a los lados Pasaba horas analizando a la competencia, midiendo mi valor en función de sus logros. Sin darme cuenta, operaba desde el miedo. El cambio: Entendí que la auténtica visión nace de adentro, no de afuera. La comparación es el ladrón de la alegría y bloquea la intuición. Ahora honro mi propio ritmo y confío en que hay espacio para todos. Cuando dejé de competir, empecé a crear desde mi esencia. 2.- Dejé de confundir "Ocupado" con "Productivo". Llenaba mi agenda para sentirme importante. Era ego puro. El cambio: Empecé a valorar el "espacio en blanco". Mis mejores ideas de negocio no han llegado frente al ordenador a las 2 AM; han llegado perdido en la nada donde solo había el silencio, Entendí que el vacío es fértil. 3.- Dejé de gobernar el negocio con "KPIs Vanales". Durante mucho tiempo, mi cuadro de mando eran Horas Trabajadas vs Proyectos Activos. Métricas que alimentan el ego pero no pagan nóminas. El cambio: Apliqué una gestión financiera real. Ahora solo miro métricas de salud: Cash Flow (Caja), Net Profit (Beneficio real) y mi favorita: ROE (Return on Energy). Si un cliente o proyecto trae facturación pero destruye mi paz mental, los números salen rojos. La facturación es vanidad; el beneficio (y la libertad) es mi objetivo.