🏦 ❤️ Amo a los números y los números me aman a mí.
Ayer, Rafel Mayol nos hizo escribir en el chat a modo de mantra de secta: “Amo a los números y los números me aman a mí.” Y yo, mientras lo tecleaba, pensaba: "Mira que he dicho cosas raras en mi vida, pero declararle mi amor a una hoja de cálculo un domingo por la tarde es otro nivel". A todos nos flipa la parte peliculera de emprender: la libertad, la visión, el mindset y el "este año la rompemos, bro". Pero cuando toca abrir el Excel y mirar los márgenes... de repente resulta que somos todos de letras. Los números tienen la empatía de un bloque de hormigón. Les da absolutamente igual si llevas tres días sin dormir, si has llorado escuchando un podcast motivacional o si le has puesto muchísima ilusión a tu lanzamiento. Solo te miran fijamente y te dicen: "Muy bonito tu embudo, pero aquí faltan 500 euros". Y oye, al principio duele, pero en el fondo es liberador. Porque cuando dejas de hacerte trampas al solitario y miras los números sin filtros, la película cambia. Facturar mucho mola para el pantallazo de Instagram, pero empiezas a darte cuenta de que si facturas 10.000 y te quedan 200 limpios... igual salía mejor echar el currículum en el Mercadona. Crecer no es correr más en la cinta, es que la cinta no se rompa. Así que lo de “Amo a los números y los números me aman a mí” no va de convertirnos de repente en contables grises. Va de dejar de jugar a las casitas con el emprendimiento y empezar a montar negocios de verdad. Y lo mejor de todo: el Excel, a diferencia de tu cuñado, no te juzga. No te critica a tus espaldas ni opina en el grupo de WhatsApp. Solo te escupe la pura verdad en la cara. Y en este juego, saber la verdad (y no arruinarte por el camino) es una ventaja competitiva brutal. Venga, confiésalo: Si tu Excel de contabilidad cobrara vida ahora mismo... ¿te pediría matrimonio o una orden de alejamiento? 👇