Late un lobo acorralado bajo la sombra de un vuelo que me abrasa, y en mis huesos se ha quedado como un páramo de hielo que no pasa. El verano no madura, las mañanas se encadenan, y no llueve ni una gota en su llanura, y las mesas no se llenan ni se bebe. Solo temo que la ausencia me acostumbre a este vacío, y que un día se me duerma la conciencia, porque el peso es solo mío todavía.