Mi venganza no será un plan sofisticado. No habrá disfraces ni intrigas, ni cartas ardiendo en la cocina; tampoco será un grito ni un insulto en la madrugada. Mi venganza será más simple, más sutil, casi ingenua: escribiré tu nombre sin escribirlo. Un día encontrarás un libro, tal vez una antología poética en el lobby de algún hotel, en la sala de espera de un aeropuerto o en una cafetería, mientras te escondes de la lluvia. Y aunque ese libro no tenga tu nombre ni mi nombre en la portada, abrirás una página y leerás un verso que te erice la piel, porque hablará de tu manera de reírte con los ojos y de aquel lugar que solo mis labios conocían. Verso tras verso sentirás esa incómoda certeza de que esas palabras te han estado esperando desde hace años y, como un fantasma amable te dolerá una nostalgia sin origen. Esa será mi venganza: Hacer que todas las mujeres puedan creer, sin equivocarse, que ese poema también habla de ellas; y que tú seas la única que nunca llegue a saber que el que poema más amas fue escrito para ti.