El poder de conquistarte primero antes de querer ser elegida.
Estoy segura de que muchas veces has escuchado frases como: “Quiero un hombre bueno”, “Quiero un hombre que me valore”, “Quiero una relación sana”, “Quiero que me respeten”, “Quiero que me elijan bonito”.
Y está bien quererlo. Claro que sí. Todas merecemos un amor que nos abrace, que nos cuide, que nos respete, que nos dé paz.
Pero quiero que hoy vayamos un poco más profundo.
Porque muchas veces pedimos un hombre de valor, pero nosotras mismas no estamos tratándonos como mujeres valiosas.
Queremos que alguien nos elija, pero nosotras no nos elegimos. Queremos que alguien nos respete, pero traicionamos nuestros límites. Queremos que alguien nos cuide, pero vivimos abandonándonos.Queremos que alguien nos ame bonito, pero por dentro todavía estamos mendigando amor.
Y esto no lo digo para juzgarte. Lo digo porque muchas hemos pasado por esto antes.
Muchas hemos confundido amor con ansiedad. Presencia con persecución. Interés con intensidad. Compañía con dependencia. Y conquista con demostrar demasiado.
Nos enseñaron a gustar, a agradar, a esperar, a callar, a aguantar, a ser “la buena”, “la tranquila”, “la que entiende”, “la que no molesta”, “la que perdona todo”.
Pero pocas veces nos enseñaron a preguntarnos: ¿Yo también me gusto dentro de esta relación? ¿Yo también me siento en paz? ¿Yo también me estoy eligiendo? ¿O estoy tratando de ser elegida a costa de perderme?
Reina, antes de conquistar a un hombre de valor, tienes que conquistarte a ti.
Y conquistarte a ti no significa volverte fría, dura o inaccesible. No se trata de jugar a que no sientes. No se trata de hacerte la difícil. Se trata de dejar de estar disponible para vínculos donde tienes que desaparecer para que te quieran.
Una mujer que se conquista a sí misma empieza a preguntarse cosas diferentes.
No solo: “¿Le gusto?” Sino: “¿Me gusta cómo me siento con él?”
No solo: “¿Me va a escribir?” Sino: “¿Me estoy perdiendo esperando un mensaje?”
No solo: “¿Me elegirá?” Sino: “¿Yo lo elegiría desde mi paz o desde mi herida?”
No solo: “¿Qué tengo que hacer para que se quede?” Sino: “¿Qué tendría que abandonar de mí para sostener esto?”
Eso cambia todo.
Porque cuando una mujer se conquista, ya no se vende por migajas. Ya no confunde atención intermitente con amor. Ya no se emociona solo porque alguien le dice palabras bonitas. Empieza a mirar los hechos, la coherencia, el respeto, la presencia y la paz que esa persona trae a su vida.
Un hombre de valor no se conquista desde la desesperación. Se reconoce desde como te estas valorando a ti misma hoy…
Porque si tú no sabes quién eres, cualquier persona puede venir a decirte quién debes ser.
Si tú no sabes lo que mereces, cualquier migaja te puede parecer banquete.
Si tú no sabes sostenerte, cualquier ausencia te puede romper.
Por eso, esta Señal de Poder no es para que aprendas a perseguir a nadie. Es para que aprendas a volver a ti antes de vincularte con alguien más.
Quiero proponerte un ejercicio:
- Escribe qué tipo de relación dices que quieres. Sé honesta. No escribas lo que suena bonito. Escribe lo que de verdad deseas: paz, respeto, compromiso, admiración, lealtad, ternura, pasión, estabilidad, comunicación.
- Luego escribe cómo te estás tratando tú hoy. ¿Te das paz? ¿Te respetas? ¿Te eres leal? ¿Cumples lo que te prometes? ¿Te hablas bonito? ¿Te cuidas? ¿Te escuchas?
- Identifica dónde estás pidiendo afuera algo que todavía no te estás dando adentro. Esto puede doler, pero también te puede liberar.
- Haz una lista de tus no negociables. No desde el orgullo. Desde tu dignidad. Por ejemplo: no negocio mi paz, no negocio mi autoestima, no negocio mi tiempo, no negocio mi cuerpo, no negocio mi intuición, no negocio mi voz, no negocio mis amistades.
- Observa cómo actúas cuando alguien te gusta. ¿Te aceleras? ¿Te abandonas? ¿Dejas de hacer tus cosas? ¿Empiezas a vivir pendiente? ¿Te vuelves disponible todo el tiempo? ¿Te da miedo decir lo que sientes?
Solo tienes que hacer eso: observar cómo te vinculas, identificar desde dónde estás eligiendo y volver a ponerte en el centro.
Porque conquistar a un hombre de valor no empieza con verte perfecta. Empieza con sentirte completa.
No empieza con decir las palabras correctas. Empieza con tener una vida que no estás dispuesta a abandonar por cualquiera.
No empieza con gustarle a él. Empieza con gustarte tú cuando estás con él.
Quiero que recuerdes esto: un hombre de valor no necesita que te achiques para amarte. No necesita que ruegues, que persigas, que te apagues, que toleres faltas de respeto o que finjas ser una mujer que no eres.
Un hombre de valor va a poder verte en tu luz, pero tú tienes que dejar de negociar tu oscuridad por miedo a quedarte sola.
Y te digo algo más: estar sola no es el problema.
El problema es estar con alguien y sentirte sola. El problema es estar con alguien y dejar de reconocerte. El problema es estar con alguien y tener que pedir amor como si fuera un favor.
Reina, tú no estás para ser convencida de tu valor. Estás para recordarlo.
Y cuando lo recuerdas, eliges distinto. Caminas distinto. Hablas distinto. Pones límites distinto. Amas distinto.
Ya no buscas que alguien venga a salvarte. Buscas a alguien que pueda caminar contigo porque tú ya empezaste a caminar contigo misma.
Luego de hacer este ejercicio, puedes dejarme en los comentarios qué descubriste sobre tu forma de vincularte, qué has estado tolerando, qué necesitas empezar a cambiar y qué no estás dispuesta a negociar más.
Recuerda: no se trata de conquistar a cualquiera.
Se trata de convertirte en una mujer tan conectada con su valor, que solo pueda entrar a tu vida quien sepa honrarlo.
Con amor,
Andre.