Hay una palabra que casi todos interpretamos al revés: responsabilidad.
La asociamos con la culpa, con admitir que la mierda está en nuestro tejado. Y por eso huimos de ella.
Pero tomar la responsabilidad es exactamente lo contrario. Es la única manera de recuperar las manos. La posibilidad de hacer algo al respecto de una situación.
Cuando la culpa va fuera, ganas una cierta comodidad. Pero pierdes la capacidad de moverte — cada problema te llega como cliente injusto, sistema injusto, padres injustos. Y te quedas sin recursos para resolver ninguno.
Cuando la responsabilidad vuelve dentro, entras a formar parte del juego de nuevo. Aunque escueza al principio. Y, mirado más en profundidad, es lo más parecido a la compasión con uno mismo que existe.
Acabo de publicar el decimoséptimo post del blog. Hablo de cómo, sin darnos cuenta, colocamos la base de nuestra vida fuera de nuestro alcance — y de cómo recuperarla.
¿Dónde quieres que resida el poder de cambiar tu vida? ¿Fuera… o dentro de ti?
Te leo en los comentarios.