A los que hacemos deporte, reconozcámoslo:
nos gusta ganar.
Pero no siempre hablamos de medallas.
Ni de podios.
Ni de cronos perfectos.
Nos gusta ganar experiencias.
Entender la competición más allá del dorsal.
Conocer ciudades a través del esfuerzo.
Conquistar caminos que antes solo parecían líneas en un mapa.
Nos gusta ganar compañeros de viaje.
Personas que comparten madrugones, nervios y silencios.
Amigos que empujan cuando flaqueas,
sin importar quién llegue primero.
Nos gusta ganar batallas.
Con sus heridas de guerra.
Con obstáculos que duelen mientras se atraviesan
y que, con el tiempo, se convierten en historias que siempre merece la pena contar.
Pero, si somos honestos, lo que más nos gusta ganar es... otra cosa.
Ganar a esa voz que dice que hoy no.
Que se está mejor en la cama.
Que el sofá manda.
Y que no hace falta salir.
Nos gusta ganar cuando decidimos movernos aun con miedo.
Cuando nos superamos sin aplausos.
Cuando respiramos hondo y seguimos.
Cuando demostramos, solo a nosotros mismos,
que podemos un poco más.
Porque al final, ganar no siempre se ve.
Pero siempre se siente.
Y tú…
¿qué es lo que más te gusta ganar?