Hoy es un día triste para mí. Al releer anoche mis textos de los dos últimos años me han parecido una mierda, vamos, que no tienen chicha. ¿Por qué? Porque recientemente he terminado un libro absolutamente recomendable: Los trabajos sin Hércules, de Mayte Gómez Molina, en Hiperión; y no he podido dejar de satisfacerme gustosamente con su lectura y, claro, me ha sobrevenido la comparación y me he dicho vaya caca de la vaca lo que has estado pergeñando de un tiempo a esta parte. La buena noticia: ese libro es un aldabonazo para cambiar a mejor.
Se bebe muy bien, en poco tiempo, sus imágenes son las justas y necesarias y su proyección, su potencia al denunciar líricamente, resulta formidable... sobre un tema que no es el pasado revisitado ideológicamente --ya me entendéis-- sino un asunto acuciante, digno de muchos más poemarios.