Tienen que estar allí detrás.
Horizontes más bajos,
prados que no requieran
de letras ni palabras,
primaveras sin comas,
el musgo blando del silencio.
Tienen que estar allí detrás.
Detrás de la carrera,
de la falta de aliento,
del pulso acelerado.
Pero que hacer cuando descubres
que detrás es lo mismo que delante,
que el paisaje se repite,
que sigue dependiendo
tan solo de ti mismo
darle sentido a tu relato.