Familia, estuve unos días en silencio por aquí… pero no fue una ausencia cualquiera.
Fue mi cumpleaños número 34 y esta vez necesitaba desconectarme del ruido externo para volver a conectar hacia adentro.
Para escucharme con honestidad y redefinir algo importante: cuál es mi misión de vida y desde qué lugar quiero compartirla con ustedes de ahora en adelante.
Este tipo de pausas no solo son necesarias para el cuerpo (son fundamentales), sino que también lo son para la mente y para el alma.
Detenerse, mirar el camino recorrido y reconocer que esos pequeños pasos que a veces parecen insignificantes, cuando se miran en conjunto, son verdaderos pasos de gigante.
Cuando entro en procesos profundos de introspección, hay algo que siempre me acompaña:una canción "ancla".
Una música que le permite a mi cerebro y a mi cuerpo recordar lo que sentí en ese momento, y no perder de vista hacia dónde quiero ir.
Hoy, en honor a todo lo que mi cuerpo aún está integrando (que les iré compartiendo por el camino, cuando logre procesar toda la información) y a los procesos internos que se están reorganizando en mis órganos para un cambio profundo de paradigma, quiero compartirte esa canción que fue mi ancla durante estos días.
Te invito a hacer una pausa.A dejar por unos minutos lo que estás haciendo y permitirte sentir la letra en cada célula de tu cuerpo.
Después de escucharla,
Me encantaría leerte:
¿qué sentiste?
¿qué apareció en tu cuerpo?
¿alguna emoción, imagen o recuerdo?
Muchas veces, cuando el cuerpo entra en conexión, es capaz incluso de resonar con experiencias que no son solo nuestras.
En este caso, con emociones y vivencias que yo misma transité durante estos días de silencio.
¿Pudiste percibir algo?
Aquí seguimos, avanzando, caminando juntos, con el objetivo claro y tomando acción masiva imperfecta todos los días!