Cuando aprendes ajedrez, piensas: "Qué limpio, qué lógico, todo bajo control".
Luego echas tu primera partida real y un tipo que lleva 20 años estudiando aperturas te merienda el alfil en el cuarto movimiento.
Nadie te avisó de que mientras tú celebrabas haber aprendido que el caballo mueve en "L", él ya estaba diseñando tu funeral en el tablero.
Con el póker pasa lo mismo. Te crees que la suerte te protege porque eres el novato, hasta que palmas tres manos seguidas con un cañón de cartas. ¿El motivo?
El de enfrente lleva seis horas leyéndote hasta el alma y tú ni te has enterado de que parpadeas como un loco cada vez que llevas ases.
Emprender tiene esa misma "mentira de origen".
Todo parece fácil cuando haces un Excel, calculas el punto de equilibrio y escribes la palabra "escalable" en una diapositiva con colorines. Pero la realidad es que esos diez minutos de aprendizaje solo te sirven para darte cuenta de que no tienes ni pajolera idea de dónde te has metido.
- El ajedrez te enseña a pensar diez jugadas por delante.
- El póker te enseña que, aunque lo hagas todo perfecto, puedes palmar igual.
- Emprender te enseña las dos cosas a la vez, con dinero real de por medio y sin que nadie te devuelva las fichas cuando se encienden las luces del garito.
La diferencia es que en el ajedrez y el póker las reglas son sagradas.
En una empresa, te levantas un martes y un competidor que no existía te cambia el juego, o sale una regulación nueva, o a tus clientes les da por comprar otra cosa. El mejor ajedrecista del mundo acabaría en el manicomio si el tablero mutara a mitad de la partida, pero en el business, eso es el pan de cada día.
Al final, lo que funciona en los tres sitios es lo mismo: paciencia táctica y saber cuándo meter el viaje.
Ni estar hiperactivo quemando cartuchos, ni quedarte paralizado mirando el Excel.
El que sobrevive es el que sabe esperar su momento... y mientras tanto, aguanta en la mesa.
Si quieres saber si sirves para esto, haz la prueba del algodón:
juega al ajedrez contra alguien que te dé mil vueltas y luego echa un póker con un dinero que te duela perder.
Si cuando pierdes te levantas indignado culpando al universo, búscate una nómina.
Si te quedas, tomas nota y vuelves mañana con la cara lavada, entonces es que tienes el veneno dentro.
Al mercado le das exactamente igual, no tiene nada personal contigo.
Solo está ahí sentado, esperando a ver qué ficha mueves ahora.
♟️Si solo eres ajedrecista, te bloqueas por el azar. Como decía Kasparov, esto va de decidir bajo presión. Si te bloqueas cuando el tablero se pone feo, te barren.
♠️Si solo eres pókerista (si se dice así) , te arruinas por falta de orden. Como dice Negreanu, el poker es un juego de información incompleta. La diferencia entre quemar el dinero y crecer es saber cuándo retirarte a tiempo y cuándo meter un "all-in" porque sabes que tienes la mano ganadora (aunque te tiemblen un poco las piernas).
¿Qué te ha dado más hostias: planear demasiado y no ejecutar (ajedrez) o confiarte con una mano mediocre (póker)?
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Os leo :-)