La mayoría llama “sexto sentido” a lo que en realidad es una reacción emocional: prisa, miedo, tensión en el pecho, necesidad de controlar, impulso de “hazlo/no lo hagas” sin claridad real.
Y luego pasa lo típico: tomas la decisión… y a los días piensas “¿pero qué cojones hice?”
El sexto sentido de verdad es otra cosa. Es sutil. Silencioso. Y cuando aparece, no viene a medias: viene con claridad. No hay nudo en el pecho. No hay angustia. Hay lucidez.
Esto quizás te escuece un poco mucho: quieres esa claridad sin haber hecho el trabajo previo. Quieres “señales” sin propósito definido. Quieres guía sin identidad nueva. Y eso no funciona.
Si no cambias el software, no cambia lo que percibes. No puedes ver un nivel de realidad que no eres capaz de sostener.
Así que deja de perseguir intuiciones y haz lo básico:
Define un propósito claro. Repite. Persiste. Actúa. Integra. Y limpia el ruido emocional.
Pregunta incómoda: ¿tú tienes un propósito definido… o estás improvisando y llamando “intuición” a tu ansiedad?
Feliz lunes