Si hay algo que he observado tras cientos de sesiones con clientes es que la mirada que tienes del autosabotaje determina si seguirás repetiendo las decisiones que te mantienen atascado o escogiendo algo nuevo.
Hoy quiero compartir contigo siete principios que practico personalmente y con clientes cuando observo lo que llamamos autosabotaje.
Y digo “llamamos” porque después de todo el tiempo que he pasado y sigo pasando profundizando en mi ser, descubrí que las partes de nosotros que nos “sabotean” van mucho más allá de las conductas que parecen querer destruirnos.
Probablemente, hasta ahora habrás intentado “arreglarte” con la noción de que hay una parte de ti o varias en contra de ti.
Sin embargo, operar desde esta noción solo ha hecho que perpetúes tus bucles autodestructivos e imposibilite la liberación de estos.
¿Pero, y si hubiera otra forma de verlo?
¿Y si empezaras a plantearte que el autosabotaje no sucede porque haya una parte de ti empeñada en destruirte, sino porque, en muchas ocasiones, lo que hoy te limita fue una solución inteligente que un día te permitió salir adelante?
¿Y si el objetivo no es vencer una parte de ti, sino comprenderla, integrar el conflicto que expresa y recuperar una relación más auténtica contigo mismo?
Asi que antes de empezar, quiero aclarar qué entiendo por autosabotaje.
Más que un enemigo interno, el autosabotaje es una estrategia de adaptación.
Es la forma en que una parte de nuestra psique intenta protegernos de un dolor, un rechazo, una pérdida o una amenaza (una emoción) que, en algún momento de nuestra historia, resultó demasiado intensa.
Lo paradójico es que aquello que una vez nos protegió hoy impide nuestro crecimiento.
Por eso, el trabajo no consiste en eliminar esa parte, sino en descubrir qué intenta proteger, entenderla y ayudarla a encontrar una forma actualizada de cumplir esa función desde la consciencia.
El foco pasa de cambiarte, mejorarte, y eliminar a entender, acompañar, e integrar.
Esta mirada te interesa si hasta ahora has intentado “soluciones rápidas” superficiales en forma de métodos enfocados en cambiar cosas fuera, o únicamente al nivel de las acciones, pensamientos, emociones, o creencias.
Esta mirada va mucho más profundo.
Veamos cómo.
1. Tomar conciencia de la identidad con la que te estás identificando
Gran parte de lo que llamamos "yo" está formado por hábitos, creencias, roles e imágenes que hemos construido para adaptarnos al mundo.
No son necesariamente falsas. Han tenido una función importante.
El problema aparece cuando creemos que esa identidad se confunde con todo lo que somos.
Aquí comienza una distinción fundamental:
No entre un "yo falso" y un "yo verdadero", sino entre la identidad con la que me identifico en este momento y la conciencia omnipresente capaz de observarla.
Cuando puedes decir: "Ahora mismo estoy actuando desde el miedo" o “hay una parte de mi que quiere actuar desde el miedo ahora”, en lugar de "Yo soy el miedo", aparece un espacio interior desde el que es posible responder de otra manera.
La observación consciente ya inicia la transformación como compartí en mi anterior video.
2. Volver al cuerpo para escuchar lo que la mente no alcanza
Todo conflicto psicológico tiene también una expresión corporal.
La respiración, la tensión muscular, la postura, el ritmo cardíaco o la sensación de contracción contienen información valiosa sobre cómo estamos viviendo una experiencia.
Por eso, antes de intentar comprender intelectualmente lo que ocurre, es útil detenerse, respirar y permitir que el cuerpo participe en la conversación.
La experiencia emocional y nuestras partes inconscientes suelen manifestarse corporalmente y el cuerpo puede convertirse en una vía de acceso a aspectos de nosotros mismos que la razón aún no alcanza o no ve.
Preguntas sencillas pueden abrir ese espacio:
- ¿Qué noto ahora mismo en mi cuerpo?
- ¿Dónde aparece la tensión?
- Si esa sensación pudiera hablar, ¿qué diría?
- ¿Qué necesita?
El cuerpo deja de ser un problema para convertirse en un punto de partida de un diálogo entre tu consciencia y la parte de ti que está apareciendo.
3. Acoger la resistencia en lugar de combatirla
Normalmente, cuando empiezas a acercarte a una parte de ti o a profundizar en el origen de la tendencia de sabotaje, puede aparecer una resistencia.
Contrario a lo que creemos inconscientemente, esa resistencia no es un obstáculo, sino otra parte protectora que intenta alejarte de esa experiencia interna.
Lo hace porque teme que, si profundizas, puedas perder el control, sentirte desbordado, vulnerable, confundido o volver a experimentar un dolor antiguo.
Sin embargo, la resistencia no desaparece cuando luchas contra ella.
Se fortalece.
Por eso, en lugar de preguntarte cómo eliminarla o cambiarla, prueba a preguntarte:
- ¿Qué intenta proteger esta resistencia?
- ¿Qué teme que ocurra si deja de hacer su trabajo?
Muchas veces descubrirás que la parte que hoy parece sabotearte, en realidad, está intentando evitar un sufrimiento que en algún momento fue demasiado difícil de sostener.
Cuando esa parte deja de sentirse juzgada o atacada, puede empezar a relajarse y confiar poco a poco.
No se trata de forzar ningún cambio emocional, sino de crear un espacio de curiosidad y compasión donde cada parte pueda mostrarse a su propio ritmo.
4. Dialogar con las polaridades internas
La vida vivida desde la mente está llena de tensiones.
Quiero avanzar.
Quiero quedarme donde estoy.
Necesito protegerme.
Quiero expresarme.
Temo ser rechazado.
Estas polaridades no indican que algo vaya mal.
Son la expresión natural de una psique compleja.
El conflicto surge cuando una de esas voces es expulsada de la conciencia.
La tarea consiste en permitir que ambas hablen.
En comprender qué necesidad real expresa cada una.
Cuando dejamos de identificar una parte como "el enemigo", comienza la posibilidad de una integración auténtica.
Ser tu verdadero yo no consiste en que una voz venza a la otra, sino en que varias partes encuentren un lugar dentro de una personalidad más amplia.
5. Dar un nuevo significado a lo que quedó inconcluso
Muchas de nuestras reacciones actuales están vinculadas a experiencias pasadas que nunca llegaron a integrarse completamente.
No es necesario revivir el pasado para comprenderlo.
Lo importante es observar cómo sigue manifestándose hoy.
Cada emoción intensa, cada patrón repetitivo o cada bloqueo puede convertirse en una puerta hacia una necesidad que en otro momento no pudo ser reconocida.
En lugar de luchar contra el síntoma, seguimos su rastro con curiosidad.
No para quedar atrapados en la historia, sino para permitir que aquello que quedó suspendido encuentre finalmente una forma de completarse.
6. Habitar el espacio donde no necesitas demostrar quién eres
En todo proceso de transformación real he visto un ingrediente clave: la desaparición de la necesidad de sostener una imagen de ti mismo.
No porque desaparezcan todas las dudas o conflictos, sino porque dejamos de organizarnos alrededor de ellos.
Desde ese lugar aparece una relación más espontánea con la vida.
No una ausencia total de tensión, sino la capacidad de sostenerla sin quedar dominados por ella.
La autenticidad no consiste en eliminar el conflicto interior.
Consiste en dejar de huir de él.
7. Restaurar la confianza en la propia experiencia
El resultado más profundo de este proceso no es convertirse en alguien perfecto.
Es recuperar la confianza para permanecer presentes ante tu experiencia.
Confiar en que puedes sentir sin quedarte atrapado.
Distinguir entre una necesidad viva y un mandato aprendido.
Escuchar tus distintas voces internas sin identificarte por completo con ninguna de ellas.
Y actuar desde una conciencia cada vez más amplia.
La confianza no nace porque el miedo desaparezca.
Nace cuando descubrimos que podemos caminar junto a él sin entregarle el gobierno de nuestra vida.
Quizá la verdadera transformación no consista en dejar de sentir miedo, ansiedad, incomodidad o eliminar el “autosabotaje”, sino en dejar de vivir gobernado por él.
Cuando eres capaz de escuchar incluso a las partes que intentan protegerte mediante el bloqueo, la evitación o el control, algo comienza a ordenarse.
Esto es algo que experimentan las personas que trabajan conmigo 1a1.
Por ejemplo, el otro día Ismael tuvo un clic muy profundo (foto adjuntada abajo)
No porque hayas vencido una batalla contra ti mismo, sino porque dejas de librarla y imponerla.
Y es precisamente en esa reconciliación donde aparece una forma de libertad mucho más profunda: la de poder responder conscientemente a la vida, en lugar de repetir automáticamente las soluciones que un día te ayudaron a sobrevivir.
Cuando habitas todo lo que te inquieta, todo lo que temes y todo lo que te incomoda en tu presencia consciente y silenciosa, recuperas tu capacidad para integrar toda esa oscuridad y transformarla en luz, es decir, en acción alineada coherente con tus deseos más profundos.
Es ahí donde vives tu límite, te sientes libre, vivo, con una serenidad profunda, sin ninguna duda de lo que crearás en el mundo.
Materializarlo solo es un efecto secundario de esta coherencia.
Integrar esto me ha catapultado a completamente otro nivel y sé que a ti también te lo hará.
Si te gustaría profundizar en este proceso de integrar tus partes, integrar una nueva identidad y dejar de luchar contigo, comenta “proceso” y exploraremos tu caso.
Espero que hayáis disfrutado de este post.
Un abrazo,
Emil.