Tu idea sobre la meditación te convierte en un meditador, no en una persona libre.
Cuando crees que la meditación es un hábito de 20 minutos que depende de circunstancias externas (ambiente, silencio, postura, ojos cerrados, etc.),
Se vuelve un estado del que “entras” y “sales”, en lugar de un reconocimiento continuo de la conciencia que siempre está presente.
Cuando abres los ojos, el cambio sensorial te hace creer que se ha perdido “la meditación”, pero solo se ha perdido una sensación asociada a ella, no la conciencia misma.
No ves la meditación como tu estado natural porque no has reconocido que la conciencia no cambia con las apariencias.
Crees que estás meditando cuando la mente está en calma o cuando hay una sensación particular de paz.
Pero eso es identificar la meditación con un contenido de la experiencia, no con el trasfondo en el que todo ocurre.
La conciencia no entra ni sale de ningún estado.
Si sigues identificando la meditación con un estado o técnica, experimentarás una sensación de frustración o búsqueda constante: paz mientras meditas, inquietud al volver “al mundo”.
Desarrollarás una división entre lo espiritual y lo cotidiano.
Vivirás entre momentos de aparente conexión y largos periodos de desconexión.
La sensación de estar “buscando” no se disolverá.
Si quieres romper esa divisón entre lo material y lo espiritualº y salir de tu cárcel mental haz la meditación que he creado debajo de este post.