El síndrome del impostor es un cruel error de la mente que te convence de que tus logros no cuentan realmente y que la gente se dará cuenta de que eres un fraude. Esta duda se arraiga porque es más fácil recordar los errores que los éxitos.
No es una enfermedad de la mente sino una experiencia interna persistente de duda sobre la propia competencia. Debes tener en cuenta que todo lo que persiste en tu mente construye una realidad imaginaria que tiene efectos en tu mundo real. Y como el cerebro tiene múltiples formas de interpretar la realidad; el creer que “no valemos” o que “somos farsantes” produce una realidad de limitación, baja autoestima, temor constante y desconfianza hacia nosotros mismos.
Cómo se manifiesta
- Atribuir los logros a la suerte o a factores externos.
- Sentir que “no soy tan bueno como creen”.
- Miedo constante a equivocarse o ser expuesto.
- Exceso de preparación o perfeccionismo extremo.
- Dificultad para recibir elogios
Suele surgir de:
• Estándares internos muy altos.
• Comparación constante con otros.
• Ambientes exigentes o competitivos.
• Identidad construida alrededor del rendimiento.
Es frecuente en:
- Líderes y profesionales de alto rendimiento.
- Emprendedores.
- Personas que crecen rápido en responsabilidad.
Paradójicamente, cuanto más competente es alguien, más probable es que lo experimente, porque tiene mayor conciencia de todo lo que aún no domina.
Cómo se gestiona:
- Reconocer hechos objetivos de desempeño.
- Separar identidad de resultado (“fallé en algo” no significa “soy un fraude”).
- considerar el aprendizaje continuo como una responsabilidad profesional
- Compartir la experiencia (disminuye su poder).
- Entrenar auto observación consciente del diálogo interno para elaborar mejores PEPPs.
- Acostúmbrate a siempre escribir o reflexionar sobre las veces en que has hecho algo bien. Es más fácil sentirte seguro de tus habilidades si las recuerdas.
- Acepta sin juicio interno el feedback positivo que te brindan allegados, colegas o colaboradores.
- Toma el feedback negativo que te brindan allegados, colegas o colaboradores como una oportunidad de crecimiento personal y profesional -sin culpas y sin deterioros de tu autoimagen-
- Trabaja sobre el autoreconocimiento (Listado de diamantes (cualidades, capacidades y logros).
Recuerda que los microestados de la mente crean los macroestados de la vida. Empodera tu valor y con esta nueva energía despide para siempre al síndrome del impostor.