3 fuentes de sufrimiento evitable como madres
Hoy quiero hablarte de tres formas de mirar a nuestros hijos que pueden generarnos mucho sufrimiento: las expectativas, la comparación y la proyección.
Sufrimiento que, en gran parte, podemos evitar.
Las EXPECTATIVAS aparecen cuando miramos a nuestros hijos desde la idea de cómo creemos que deberían ser, en lugar de observar cómo son realmente.
Esperamos que se concentren, que sean ordenados, que estudien, que alcancen determinados objetivos… Y, sin darnos cuenta, podemos acabar relacionándonos más con el personaje que deseamos que lleguen a ser que con el niño o la niña que tenemos delante.
Cada persona tiene un diseño único: sus propios valores, inclinaciones, dones y talentos.
Las dificultades están ahí y debemos acompañarlas. Pero las dificultades no definen a nuestros hijos. Muchas de ellas tienen que ver con una mente que todavía necesita entrenamiento y herramientas de autorregulación.
La segunda fuente de sufrimiento es LA COMPARACIÓN.
Compararlos con sus hermanos, con sus compañeros o con lo que se espera de un niño de su edad puede hacer que dejemos de ver su propio proceso.
Una cosa es cómo es tu hijo y otra muy distinta cómo creemos que tendría que ser para encajar.
Necesitamos enseñarles a confiar en sí mismos y a construir una autoestima que no dependa continuamente de la mirada de los demás. Y eso empieza también por nuestro lenguaje y por la forma en la que hablamos de ellos.
La tercera fuente es LA PROYECCIÓN.
Proyectamos cuando esperamos, muchas veces inconscientemente, que nuestros hijos consigan aquello que nosotros no pudimos conseguir, o cuando intentamos evitarles experiencias basándonos en nuestras propias heridas:
«A mí me pasó esto, así que a mi hijo nunca le pasará».
Pero su camino no es el nuestro. Ellos tienen por delante su propio camino. ¡Puede que en algunos aspectos coincida con el nuestro! Por ejemplo, que te hubiera gustado ser una gran pianista y por lo que fuera no pudiste y que tu hijo/a nazca con un gran talento para el piano y sí lo consiga, pero habrá salido de él.
Si pretendes que tu hijo/a sea una gran pianista y ha salido matemática... ahí sólo puedes esperar fricciones y frustración por ambas partes.
Tomar conciencia de nuestras expectativas, comparaciones y proyecciones puede cambiar profundamente la manera en la que los miramos.
Podemos pasar de intentar convertirlos en alguien determinado, a acompañarlos para que descubran quiénes son.
¿Con cuál de estas tres formas de mirar te has reconocido más: expectativas, comparación o proyección...?
¡Me encantará leerte en los comentarios!
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Carmen Pellicer De Carli
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3 fuentes de sufrimiento evitable como madres
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