Ayer fue mi último día del reto. Y tuve miedo de que lo fuera. En cierta manera, el audio me ha estado acompañando todas las noches y también algunas mañanas. Han sido 11 minutos de desconexión, de no hacer, de dejarme llevar por la paz. La rutina ha hecho que quiera escucharlo cada noche, no lo siento como una obligación. Por eso, el saber que se acaba ha sido como enfrentarme a un síndrome de abstinencia, estaba temerosa de su ausencia Solo una vez me quedé dormida en los 21 días, uno de los últimos días, el resto de días la consciencia y la respiración han estado presentes. Y a veces, durante el día y sin el audio, he conseguido la calma simplemente recordando el ritmo de la respiración. Ahora a empezar con el solfeggio