Sí. Eso le dije a una persona que me pidió una cita para ayudarle a vender su vivienda. Y no, no es una frase provocadora para llamar la atención. Fue un consejo profesional. Porque aunque soy agente inmobiliario, no me dedico a vender casas. Me dedico a ayudar a las personas a tomar buenas decisiones con una de las cosas más importantes de su vida: su vivienda. Me contacta a través de una amiga en común. Su situación: - Vivienda en copropiedad con su expareja - Extinción de condominio solicitada - En un plazo aproximado de dos años tendrá que resolver la situación - Salario mínimo - Dos hijos - Cerca de los 50 años Emocionalmente quiere cerrar esa etapa. Económicamente, vender puede ser un error enorme. Ella, hoy, está bien en su casa. 📉 La realidad del inmueble La vivienda: - Necesita reforma - Tiene una ubicación con puntos positivos, pero no es el perfil que busca la mayoría de compradores de la Costa del Sol - No se va a vender como “producto estrella”, sino como vivienda con ajustes de precio Eso ya condiciona el resultado. 🧮 La parte que casi nadie calcula Si vende: 1. Debe repartir el dinero con su expareja 2. Hay costes e impuestos de la venta (plusvalía municipal, posibles ganancias patrimoniales, gastos asociados) 3. Después necesita vivir en otro sitio. Y aquí llega el verdadero problema. Opción A: Alquiler Pagará fácilmente el doble o el triple de lo que le cuesta hoy su vivienda. Opción B: Comprar otra casa Prácticamente inviable por: - Precio de mercado actual - Nivel de ingresos - Financiación limitada Y aunque pudiera, tendría que asumir de nuevo: - ITP - Notaría - Registro - Gastos de compra Es decir, pierde patrimonio, estabilidad y capacidad económica en una sola decisión. 🧠 Entonces, ¿cuál fue mi recomendación? Como aún tiene margen de tiempo, le propuse explorar otra vía: 👉 Hablar con su banco y su gestor 👉 Valorar si puede renegociar o ampliar hipoteca 👉 Calcular si puede compensar económicamente a su expareja