Hola mi queridos artistas, mi nombre es Marcela, lo digo por si alguien se ha olvidado de mi jajajaj. hace dias que no me puedo ponerme al dia. Quería mostraros un dibujo a lapiz que estoy haciendo sobre lienzo. Habia hecho alguna prueba pequeña pero aqui me tiré a la piscina jajaj. Quien dijo miedo...ajjaj y queria compartiros un parte de mi historia, es como un homenaje. Por eso el titulo. Dicen que los triángulos amorosos albergan una maldición secreta, que son un pacto con el tormento donde el alma de alguien siempre termina hecha pedazos. Y es la verdad. Vivir un amor de tres es aceptar el drama de las ausencias que duele muchísimo, es aguantar los reproches en voz baja que te destrozan por dentro y esa terrible condena de tener que aprender a estar sola cuando el mundo entero se desmorona a tus pies. Hubo una época oscura en la que nos separamos; me vi obligada a elegir un bando, a marcharme con uno de ellos mientras el otro se quedaba en la sombra, soportando un silencio que cavaba trincheras entre nosotros. En 2009 cometí la locura de poner un océano de por medio y huí. Huí de ese vínculo tan salvaje que me dolía tanto como lo amaba. Pasaron muchos años de un exilio durísimo, arrastrando la culpa de extrañarlos con toda mi alma, hasta que en 2023 cruzaron el mundo para buscarme. Volver a mirarnos a los ojos después de tanta vida perdida fue como si me devolvieran el aire. Hoy la distancia nos separa otra vez, porque ellos están en Colombia y yo en España, jugando una partida diaria e implacable contra el tiempo. El corazón de uno de ellos es un milagro absoluto, un motor desgastado que los médicos no logran comprender cómo sigue funcionando. Vive suspendido en un hilo, soportando dialisis todos los dias con un estoicismo alucinante. Pero él es la risa personificada, una alegría que desafía la tragedia; y ella, que es la dulzura y la ternura hecha mujer, se ha convertido en su enfermera incondicional, entregando su propia vida para sostener la de él. En medio de esa fragilidad extrema, nos conectamos cada mañana por videollamada para reírnos, con una risa santa que absuelve todo el pasado. Seguimos haciendo planes de amantes fugitivos, jurándonos que vamos a escapar juntos a París, Roma o Mónaco, desafiando a cualquier sombra que nos espere a la vuelta de la esquina.