La historia de la carga invisible Un alumno llegó un día a la Universidad del Ser con el corazón cansado. No se quejaba en voz alta, pero su cuerpo hablaba por él: respiración corta, mirada dura, un cansancio que no venía del cuerpo sino de la mente. En una sesión, se le pidió que cerrara los ojos y observara lo que llevaba dentro. Apareció una imagen clara: una mochila pesada en su espalda. Dentro había recuerdos, palabras no dichas, traiciones, decepciones… y nombres. Muchos nombres. El alumno dijo: —No puedo perdonar. Lo que hicieron fue real. La guía respondió: —Nadie te está pidiendo que niegues lo que ocurrió. El perdón no borra los hechos. Borra la carga. Entonces se le hizo una pregunta que lo detuvo por dentro: —¿Te das cuenta de que sigues caminando con esa mochila… aunque la herida ocurrió hace años? En ese instante comprendió algo esencial: el daño ocurrió una vez, pero el castigo lo estaba repitiendo él todos los días. El perdón no apareció como un acto hacia otros, sino como un acto de amor propio. No fue “te perdono”, fue: “ya no necesito cargar esto para seguir siendo quien soy”. Al soltar la mochila, no justificó, no olvidó, no negó. Simplemente se separó del personaje herido y volvió al Ser que observa. Y ahí entendió la enseñanza más profunda: Perdonar no es liberar al otro. Perdonar es dejar de vivir encadenado a una historia que la mente ya no quiere soltar. Desde el Ser, el perdón no es un esfuerzo. Es un recordar: que tú no eres lo que te hicieron, no eres lo que pasó, no eres la emoción que se quedó atrapada. Eres el que puede mirar… y al mirar, soltar. La Universidad del Ser