Domingo 19 de abril (El espejo divino)
Soberanos💜 Hoy ascendemos a la cima. Llegamos a la cumbre de nuestra arquitectura biológica: el Chakra Corona (Sahasrara). Aquí vibramos en el violeta profundo de la conexión espiritual, despertamos la antena parabólica de nuestra glándula pineal y nos postramos ante la ley suprema del universo: La Ley de la Potencialidad Pura. Esta ley nos golpea con una verdad innegable: no somos este cuerpo, no somos esta mente, no somos este ego, no somos esta fabricación. Eres la infinidad contenida en un envase temporal. Pero, Soberanos debemos de entender: esto que no somos, nos pertenece. Es nuestra fabricación. No somos el vehículo, pero lo estamos habitando. Y aquí viene la pregunta que confronta, la que hace temblar al ego: ¿Lo estás habitando o te estás evadiendo? ¿Estás realmente presente en tu cuerpo, o lo estás anestesiando compulsivamente para no sentir? Vivimos en la era de la sobreestimulación. Nunca habíamos estado tan conectados tecnológicamente, y jamás habíamos estado tan desconectados de nuestra propia biología. Y la anestesia, ha adoptado formas supremamente sutiles y engañosas. Hoy todo se puede convertir en anestesia, porque el ego se ha espiritualizado. La meditación, la lectura obsesiva, el sexo... disciplinas que a simple vista parecen elevadas, se han convertido para la inmensa mayoría en formas sofisticadas de desconexión biológica. Son escondites de luz para no enfrentar la sombra de la carne. El intelecto es una herramienta magnífica, pero en este camino de la soberanía llega un punto ciego. El conocimiento intelectual te sirve solo hasta cierta parte, luego llega un momento en el que tienes que desnudarte de todo lo que sabes, de todo lo que crees saber. Tienes que soltar la mochila. No porque estés equivocado, sino porque en ese afán de saber, hemos confundido la fabricación del ego con la Creación Divina. Cuando por fin logramos hacer esa distinción en nuestras células, el milagro ocurre: retomamos el mando del vehículo. Comenzamos a reconocer los comandos de nuestro propio cuerpo, empezamos a decodificar las programaciones de supervivencia y, a través de la constancia y la repetición, modificamos la forma en la que transitamos esta bella y densa dimensión física.