Soberanas y soberanos🌬️🩵 Liberen la tensión de la mandíbula, respiren profundo y permitan que la verdad fluya sin filtros. Hoy el campo cuántico vibra en un expansivo azul celeste. Tomamos el mando absoluto de nuestro Chakra Garganta (Vishuddha), calibramos nuestra glándula tiroides para que el metabolismo de nuestra vida fluya al ritmo biológico correcto, y nos rendimos ante la maestría de la Ley del Desapego. Anoche, justo cuando me predisponía a escribirles, la vida me puso una de esas interrupciones necesarias. Como quien dice: "Detente, es de esto de lo que tienes que hablar". Tuve una conversación brutal con un local, un hombre que se dedica a lo que llaman por acá barequear o miniar. Me contaba que suele internarse muy adentro en la selva, durante 15, 20 días o hasta un mes, buscando oro en las cañadas. Pero en este momento, me decía, está trabajando en una finca acá cerca a Bahia aguacate sembrando cacao una labor noble, de tierra y semilla, que entiendo a la perfección y que resuena profundamente con migo. Le pregunté por qué no estaba en la selva buscando el oro. Su respuesta fue una cátedra absoluta de responsabilidad. Me explicó que está sembrando cacao para recaudar un dinero y cumplir con sus responsabilidades. Y solo cuando termine, se irá a la selva en total tranquilidad, con un buen mercado y sin la zozobra de tener que pagar cuentas. Porque él ya conoce el oro. Sabe que cuando te vas al monte desesperado, desde la escasez, el oro se esconde. Ha hecho grandes inversiones solo para volver con las manos vacías. Pero cuando va en equilibrio, por el simple placer de hacer su trabajo y ver el oro brillar, la tierra se lo entrega. Esa es exactamente la misma frecuencia que entrenamos aquí. Lo mismo sucede con el dinero, con el amor, con la admiración y con la aprobación. Si vas desde la desesperación, la vida te huye. Primero nos reconocemos abundantes. Primero nos reconocemos soberanos. Primero nos admiramos al espejo y nos asumimos como dioses. Desde ahí, elegimos. No es que dejemos de ser humanos, es que nos responsabilizamos de nuestra humanidad, la equilibramos y luego salimos a la vida a encarnar nuestra frecuencia en nuestro oficio. Ese es el arte de vivir: el desapego al resultado. El desapego a querer llenar vacíos existenciales con personas o con cosas.