Cuando alguien viene a mí con su música, estoy ahí para que pueda sentir que existe. Para devolverle una señal: que es válido, que su música es válida y que el sueño de vivir de la música no es una fantasía ni una ilusión, sino una posibilidad real. Lo que más a menudo veo en los músicos que llegan a mí es que son música, pero les falta estructura y estrategia. El mundo real es denso, tiene reglas rígidas, y la música es todo lo contrario: fluidez, libertad, pura vida. Quienes sienten la música tan dentro de sí mismos muchas veces no saben cómo compaginar su esencia con las reglas del mundo exterior. Cuando acompaño a alguien en su proceso creativo, lo primero que hago es convertirme en música. Porque yo también vivo en un mundo que a veces se me hace difícil. Y es cuando uno se entrega al proceso creativo cuando la rigidez y la densidad desaparecen. Hacer música con otros genera una sinergia que realimenta a ambas partes. La música necesita creatividad y que nos permitamos sentir. Este espacio no es para quien no tiene la música como el centro de su ser y de su vida. La fama, el éxito o el dinero pueden ser consecuencias, pero nunca el núcleo. El núcleo es ese sentimiento de que no puedes vivir sin la música, de que te debes a ella. Una vez eso está, la fama, el éxito o el dinero se trabajan con estrategia, pero siempre de dentro a fuera. Si sientes todo esto, entonces has encontrado tu espacio seguro. Bienvenido/a.