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29 contributions to Club Libertad Mental 🧘🏾‍♂️
El de Arriba cerró el trato antes de que yo abriera la boca
Hoy hemos tenido una clase de ventas con Víctor (por cierto, aparte de calificarla como chapeau, la camisa o qué que fuera blanco te quedaba genial). Y al terminar, una señora me dijo por Wasap para que sí, que le cobrara 400€ por implementar el rediseño de su web. Destripe: esa señora me conoce. El viernes quedamos a tomar un café varios ex compis de otro mentor. Ella estaba. Y me recordó, con mucha más gracia de la que merecía el momento, que meses atrás le había prometido ayuda con su web. A Hermenegildo se le había olvidado completamente. El fin de semana me contó su situación, y está tarde a primera hora de la tarde le dije 400€ y lo solté. Sin negociar. Sin añadir nada. No sé de dónde salió ese número. Sé que podía ayudarla si era la persona indicada, y sé también que el precio era mayor de lo que hubiera dicho hace seis meses Algo dentro de mí lo sabía, y no sé cómo se ha orquestado todo esto porque tengo muy claro que yo no he intervenido, aunque estuviera en primera persona. Además, ella ha dejado un audio en el que dice que necesita mi ayuda. Adjunto parte de la transcripción. Por otra parte, estos días no termino de saber si soy desarrollador o escritor. Igual es la forma en que me están diciendo que puedo trabajar por mi cuenta para tener tiempo de escribir. No lo sé. Me sigo encomendando al Altísimo para que me guíe, y que se haga su voluntad, no la mía. Ah, y por si sirve de dato: era mi primera venta. Sin presentación, sin propuesta, sin funnel. Sin querer, literalmente. No sé si eso me convierte en muy suertudo o en muy inconsciente. Probablemente en las dos cosas Que conste que yo solo fui a tomar un café.
El de Arriba cerró el trato antes de que yo abriera la boca
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felicidades Santi esto acaba de empezar 🎊 🎊 🎊
Oración milagrosa
Siempre que la vida prepara un gran cambio, parece que manda un viento a sacudir los cimientos y hacernos creer que nada ha servido. Hoy mi cuerpo estaba encerrado en una pequeña tormenta de fiebre y malestar, pero mientras escuchaba la oración de Samantabhadra sentí que algo abría una ventana dentro de mí. Me dormí entre sus palabras y, al despertar, parecía que la tormenta ya había seguido su camino. Qué misteriosas son algunas manos de Dios cuando deciden acariciarnos el alma.
QUIERO VERME COMO DIOS ME VE.
Hoy, mientras elegía las fotografías para contar el viaje con el que atravesé la niebla de la depresión, sentí que cada imagen era una ventana abierta a una vida que siempre estuvo llena de bendiciones, aunque yo caminara por ella como quien cruza un jardín con los ojos vendados. La abundancia había estado allí, silenciosa y paciente, rodeándome como el mar rodea a una isla, pero el ego me había enseñado a mirar únicamente aquello que creía que faltaba. Vi entonces a aquella mujer hermosa que siempre he sido y comprendí con ternura cuánto tiempo vivió creyéndose insuficiente. Pensaba que su cuerpo debía ser distinto para merecer amor, que su talento no era real, que sus logros eran un accidente y no el fruto de una luz inmensa que habitaba dentro de ella. Me había creído la mentira de que no era capaz, de que no era digna, de que no era suficiente… y, sin embargo, en cada fotografía aparecía la evidencia de una mujer llena de vida, de belleza y de fuerza, aunque ella misma no pudiera reconocerlo. Hoy, en esta etapa donde la madurez y la sabiduría empiezan a florecer como árboles después de la lluvia, todavía me cuesta mirarme con ojos verdaderos. A veces la vieja voz regresa y quiere convencerme de que debo cambiar para ser amada. Pero ya no deseo seguir viendo el mundo desde el miedo. No voy a renunciar al aprendizaje de mirarme con los ojos de Dios: no voy a renunciar a regalarme días llenos de propósito y buenos hábitos, para elevar mis estándares pero aiempre viéndome con esos ojos que no corrigen, no comparan y no condenan… esos ojos que simplemente aman y recuerdan que ya éramos perfectos desde el principio. https://youtube.com/shorts/nMluRARrz7w?si=i0mDFc7pQvw7iU62
El cuerpo Habla.
Ayer apareció un dolor agudo en mi espalda, de esos que llegan cuando el cuerpo intenta decirte lo que el alma todavía no quiere escuchar. Aunque mi ego seguía contándome que todo lo que había hecho no era suficiente, anoche decidí parar, poner una meditación de “dejar ir” y descansar. Y como un pequeño milagro, conseguí dormir sin dolor. Esta mañana, mientras conducía escuchaba a Saray Rivera cantar que nuestro Padre es el Rey, sentí una conexión inmensa con Dios y con mi padre, que partió hace menos de cuatro meses y deje que las lágrimas rodarán por mis mejillas,acariciándome el alma. Más tarde fui a acompañar a Sarito, la madre de una de mis mejores amigas, y allí estaba también mi querida Carolina Gómez, que curiosamente se llama exactamente igual que yo porque Dios lo quiso así. Mi espalda volvió a bloquearse y tuve que permitirme algo que todavía estoy aprendiendo: dejarme cuidar. Durante la sesión de Reiki que me hizo Carolina apareció la imagen de mi padre y me emocioné profundamente. Este camino me está enseñando que sanar también significa escuchar al cuerpo, soltar la necesidad de hacerlo todo perfecto y entender que no siempre los resultados nacen de correr más rápido. A veces los milagros aparecen en la calma, en la pausa y en la entrega. Hoy toca dejar ir, descansar y aceptar con amor la realidad que Dios creó para mí. Feliz día, amados hermanitos https://open.spotify.com/track/2bMO5UTkMb1e3XUgAyZ1uO?si=cmSK9UUcQFa9acqHS1Ek8w
DIOS ESTA EN TODAS PARTES
Ayer celebrábamos los veinte años de Sarita, mi primita segunda, aunque Dios decidió dejarle para siempre el cuerpo pequeño de una niña y el alma intacta de un bebé. Hay seres que no envejecen porque nacieron para recordarnos la pureza que el mundo olvida. Fuimos al sur y, como si el universo quisiera escribir una metáfora luminosa, coincidimos con el Gay Pride. Y mientras las calles se llenaban de música, colores y cuerpos danzando bajo el sol, me di cuenta de algo hermoso: mi nueva identidad ya no necesitaba perderse para sentirse libre. Ya no había vacío que llenar con alcohol, ni tristeza disfrazada de fiesta. Esta vez bailé despierta. Bailé presente. Bailé en paz. Y Sarita… Sarita se convirtió en la reina absoluta de aquella celebración. Caminaba detrás de las carrozas moviendo su abanico como una princesa antigua enviada por Dios para bendecir la alegría. Todo el mundo se detenía al verla. Le regalaban flores, abanicos, besos en las manos, sonrisas sinceras. Y ella lo recibía todo con esa inocencia que desarma cualquier defensa humana. Era imposible mirarla y no recordar que el amor existe. Pero el verdadero milagro llegó al volver. Entre la música lejana y las calles todavía agitadas, vimos a un muchacho tirado en el suelo. La gente pasaba a su lado como si fuera invisible. Algunos incluso lo esquivaban sin mirarlo. Y entonces Raquel, mi amiga, que es enfermera y tiene el corazón entrenado para salvar vidas, se arrodilló junto a él. Le dio agua, comida, cuidado, dignidad. Mientras observaba aquella escena entendí algo profundamente sagrado: Dios no está solamente en los templos, ni en los discursos espirituales, ni en las frases bonitas. Dios estaba allí, arrodillado en el suelo, sosteniendo a un desconocido a través de las manos de mi amiga. Y lo más hermoso fue ver a Sarita acercarse despacito al muchacho, sentarse a su lado y empezar a abanicarlo con preocupación, como si su alma supiera exactamente qué hacer. Me miraba con esos ojos llenos de ternura infinita, y en ese instante comprendí que las personas más “inocentes” suelen ser las más despiertas.
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Karol Gómez
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@karol-gomez-8133
Aprendiendo

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