Empiezo con un preámbulo: En clases presenciales entreno a muchísimas personas, y es habitual ver decenas de pupas al mes, a parte de agujetas perennes, tema que dejaré para otro momento. Me divierte decirles de forma irónica que el deporte les hace más daño que bien, para echarnos unas risas con los infortunios. Y lo cierto es que, en la trayectoria del movimiento, sobre todo ambicioso y frecuente, será una profecía cumplida pasar por algunas molestias o dolores. ¿Y qué? Encuentro a menudo entre esos mismos alumnos dificultades para explicar CÓMO les duele algo. Esa sensibilidad y vocabulario es extremadamente útil para el profesional, médico, fisio, o entrenador, a la hora de actuar y pautar ejercicio. ¡Y no solo para ellos! para situar y calmar tu propia angustia, cualquier certidumbre concede paz (¡y te puedes auto tratar si sabes como va!). Lo dolores se pueden describir por duración, intensidad, localización, etc. Me gustaría elaborar con vosotros un listado de experiencias que acumulen cualidades (cómo se siente), para enriquecernos a nosotros como entrenadores y a vosotros: Empiezo con un par de ejemplos propios: - Quemazón, como si la zona estuviera ardiendo, caliente. Muy clásico de dolores nerviosos. En mi caso de una falsa ciática cadera que recorría hasta pie. Muy fastidioso. - Impactación, fricción; como en golpe o choque, a veces arenoso, que puede doler de forma irritante o aguda (solo en tope). Lo he vivido en dos lugares muy frecuentes: hombro y cadera. Mucha pérdida de organicidad en el movimiento. Os paso el testigo 🧐