Sábado 23 de de mayo (tu propósito es entregarte)
Soberanos💙 Hoy elevamos la mirada hacia el centro de nuestra percepción. Encendemos el Chakra del Tercer Ojo (Ajna), nos vestimos con el azul índigo de la visión profunda y activamos nuestro proyector biológico: la glándula pituitaria. Hoy nos alineamos de frente con la Ley del Dharma, la ley del propósito indomable. No han sido días fáciles. Han sido jornadas de intensos retos internos y externos, navegando la desconexión total. Hiy llegaron dos técnicos, arreglaron el wifi, se fueron, y a las dos horas la red volvió a caer. El holograma técnico falla, pero he aprovechado este aislamiento forzado para hackear la distracción y profundizar la conexión real con mi entorno. He estado haciendo snorkel, practicando apnea, pescando y habitando la presencia pura con la gente que me rodea aquí en la selva y el mar. En estos días me he topado con unos chicos que apenas están iniciando su vida nómada. Encontrarse conmigo les ha movido el piso; cinco años de viaje no son una eternidad, pero sí me han dado una estructura sólida de experiencias crudas que hoy les estoy transmitiendo. Ayer nos sentamos a conversar y los chicos, asombrados porque les tiraba factos que les volaban la cabeza, decidieron encender la cámara y grabar nuestras interacciones. De ahí salieron dos videos brutales de más de 20 minutos que editaré y les compartiré apenas la matriz digital me devuelva la señal. Pero yo no pretendo enseñarles nada a estos chicos, ni a ustedes. Mi único rol es servirles de espejo. Cada vez que me lanzan una pregunta buscando una salvación externa, yo les devuelvo otra pregunta para obligarlos a mirar hacia adentro. Porque siempre buscamos la liberación afuera —en el próximo viaje, en el próximo retiro, en la comodidad—, cuando el mapa está adentro. Ahí es donde aparece la gran pregunta que nos ha perseguido a todos: ¿A qué vinimos a esta vida? ¿Cuál es nuestro Dharma? Yo tengo mi certeza clara: vine a compartirme. Por eso camino hasta estos rincones remotos del mundo, por eso me sumerjo en la incomodidad y por eso les escribo esto. Y como consecuencia inevitable de compartirme y entregarme a la vida sin pedir permiso, llega todo lo demás: llega el placer, llega el dinero, llega el amor y llega la capacidad de que otros se ayuden a través de mi reflejo. El propósito no se encuentra, se encarna cuando te vacías.