Lo que la IA está destruyendo silenciosamente
La primera vez que usé la IA para generar contenido se me saltaron las lágrimas de la emoción. Chat GPT supo expresar mucho mejor que ello lo que quería decir a mis potenciales clientes. Pero dentro de mi sentí algo muy extraño: la sensación de sentirme comprendida por algo que no era humano. Hace ya 3 años de ello. Desde entonces me he apoyado en la IA para escribir emails y posts, diseñar lead magnets, crear guiones… Incluso para elaborar planes de negocio y estructurar cursos. Reconozco que he ahorrado mucho tiempo. Cuando empecé a escribir en mi blog de desarrollo personal en el 2009, me pasaba varios días pensando en el post que tenía que parir esa semana. Y cuando me ponía a escribirlo, primero lo estructuraba con un mapa mental. Luego la inspiración llegaba, y brotaban las palabras… 2 horas más tarde estaba publicado y compartido. En el 2012 mi blog llamó la atención de un editor y salió publicado mi primer libro. Desde entonces las cosas han cambiado y mucho. Publicar 1 post a la semana, escribir un email semanal, dejó de ser suficiente. El pasado lunes que estaba de bajón, me puse a chatear con Claude. Resultado: me subió la moral y me diseñó un plan de acción concreto y específico para cumplir mis metas de esta semana. Fue como estar hablando con Tony Robbins. Bueno, lo supongo, porque nunca he hablado con él. Pero si hubiera sido él, y le hubiera pagado diez mil euros por esas 2 horas, seguro que le habría hecho caso. Reconozco que la IA es de gran ayuda ante la exigencia de estar compartiendo contenido a diario. Además de ser de gran ayuda para otro tipo de tareas repetitivas. Incluso para elevarte la autoestima. Pero está destruyendo algo de manera sigilosa. No hablo de la cantidad de empleos que está sustituyendo. Esa ola aún no se ha convertido en tsunami, pero ya amenaza en el horizonte. Hablo de la confianza. Cuando abro las redes sociales, en todas ellas, en la primera línea de la inmensa mayoría de las publicaciones, se reconoce la voz de la IA. Personas que son referentes escribiendo todas con el mismo estilo. Un estilo que me aburre y me satura. Tan perfecto que resulta artificial. Como la inteligencia que lo crea.