A donde vas con tanta prisa
¿A dónde vas con tanta prisa? Imagina que vas conduciendo un carro muy rápido. El motor suena fuerte, el paisaje pasa a toda velocidad y la sensación es clara: estás avanzando. Pero hay una pregunta interesante que casi nadie hace cuando pisa el acelerador: ¿Por qué estoy acelerando realmente? Pensándolo bien, creo que casi siempre aceleramos por tres motivos. - Para escapar de algo. Un problema, una incomodidad, una etapa que queremos dejar atrás. A veces la velocidad no es progreso. Es simplemente una forma de huir. - Para alcanzar algo. Un objetivo, una meta, una versión de nosotros mismos que creemos que está más adelante. Aquí la velocidad tiene sentido… siempre que la dirección sea correcta. Porque si la dirección no es correcta… solo llegarás más rápido al lugar equivocado. - Por el simple placer de ir rápido. Porque nos gusta el movimiento, el juego, la sensación de avanzar y experimentar. Y curiosamente, este tercer motivo puede ser el más honesto. La velocidad en sí no es el problema. Un carro rápido puede llevarte muy lejos. Pero de vez en cuando conviene levantar el pie del acelerador un momento y preguntarse: ¿Estoy acelerando para escapar, para alcanzar… o simplemente por el disfrute de la experiencia? Tengo curiosidad: ¿Cuál de los tres motivos crees que impulsa más tus decisiones últimamente?