¿Es TDAH, ansiedad… o las dos cosas?
Al final te voy a dejar una pregunta, porque muchas mamás descubren algo importante cuando identifican en qué momento aparece más el problema. Porque sí… A veces parece TDAH. A veces parece ansiedad. Y a veces son las dos. Aquí es donde todo se confunde… Una niña con TDAH puede perder útiles, olvidar instrucciones, moverse mucho, interrumpir, tardarse una eternidad en vestirse o dejar la tarea a medias. Tú le dices: “ponte los zapatos”, y cinco minutos después está jugando con una liga en el piso. Y piensas: “¿Por qué no me escucha?” “¿Por qué tengo que repetir todo?” “¿Será que lo hace a propósito?” Pero cuando además hay ansiedad, aparece otra capa. La niña no solo se distrae. También se preocupa demasiado. Se bloquea antes de empezar. Llora si algo cambia. Pregunta muchas veces lo mismo. Le duele la panza antes de ir a la escuela. Se enoja cuando siente que no puede controlar lo que va a pasar. Esto cambia todo… En TDAH, muchas veces el problema es: “quiero hacerlo, pero mi cerebro se me va”. En ansiedad, muchas veces el problema es: “quiero hacerlo, pero tengo miedo de fallar”. Cuando están juntas, la niña puede verse retadora, explosiva o floja… cuando en realidad está saturada. Piensa en la maestra que manda mensaje: “hoy no trabajó en clase”. Tú llegas a casa cansada, le preguntas qué pasó, y ella llora o se enoja. No sabe explicarlo. Solo dice: “no sé”. No estás exagerando. No estás sola. No eres una mala mamá. También pasa en una reunión con otros niños: quiere jugar, pero se altera si no siguen sus reglas. O en el momento de dormir: parece cansada, pero su cabeza no se apaga. Y esto es lo que muchas mamás no ven… Antes de corregir, hay que entender qué está dominando más: la impulsividad, el miedo, el cansancio o la frustración. Aquí es donde deja de ser pelea… y empieza a ser guía. Baja y responde la encuesta. Tu respuesta puede ayudar a entender mejor qué está viviendo tu hija y también puede hacer que otra mamá diga: “a mí también me pasa”.