De los 18 a los 24 años, las sustancias fueron mi forma de sobrevivir. No lo veía así entonces. Lo veía como escapar, como sentir, como pertenecer. Hasta que un día ya no pude parar solo — y tuve que ingresar para poder salir de verdad. Ese ingreso fue la cosa más humillante y más valiente que he hecho en mi vida. Lo que encontré al otro lado no fue una versión arreglada de mí. Fue algo más interesante: una persona sin terminar, con capas, con heridas que tenían algo que enseñarme. Y con un deseo enorme — casi terco — de descubrir hasta dónde podía llegar si me lo permitía. Todavía estoy en ese camino. No llegué. Avanzo. Y decidí que no quería hacerlo en silencio. Este grupo es mi forma de documentar esa aventura en voz alta — y de crear un rincón donde otros también puedan hacerlo. Donde el caos que traes contigo no te descalifica, sino que te da un asiento en la mesa. Si algo dentro de ti lleva tiempo queriendo moverse, este es el lugar.