Kathy Morales tiene 28 años y es licenciada en Pedagogía del Deporte. Hace dos años se graduó de la universidad y poco tiempo después consiguió trabajo como coach en un gimnasio de entrenamiento funcional, una meta que siempre había soñado alcanzar. Vive sola en un departamento alquilado y su trabajo no solo consiste en planificar rutinas de ejercicio, sino también en demostrar constantemente los movimientos a sus clientes, corregir técnicas, supervisar entrenamientos y motivar a las personas durante las clases grupales. Su jornada laboral inicia a las 5:30 de la mañana, cuando sale de casa para llegar al gimnasio antes de las 6:00 a.m. Trabaja hasta las 12:00 del mediodía, hace una pausa para almorzar y regresa nuevamente de 3:00 p.m. a 8:00 p.m., permaneciendo entre 10 y 12 horas diarias de pie, caminando, agachándose, realizando sentadillas, desplantes, saltos y otros ejercicios de alto impacto.
Hace aproximadamente seis meses, mientras entrenaba para mejorar su condición física y preparar una competencia recreativa, comenzó a sentir un dolor leve en la parte anterior de la rodilla derecha. Inicialmente solo aparecía al realizar sentadillas profundas, correr durante más de veinte minutos o subir escaleras, por lo que pensó que se trataba de una simple sobrecarga muscular. Debido a sus conocimientos en entrenamiento deportivo, creyó que podía controlar la situación reduciendo un poco las cargas, aumentando los estiramientos y descansando algunos días. Sin embargo, con el paso de las semanas el dolor fue aumentando hasta presentarse incluso al permanecer mucho tiempo sentada, conducir o levantarse de una silla. Finalmente acudió al traumatólogo, quien solicitó una resonancia magnética y le diagnosticó condromalacia patelar grado II.
A pesar del diagnóstico, Kathy decidió seguir entrenando porque estaba convencida de que perder condición física sería peor que soportar el dolor. Durante casi dos meses continuó asistiendo al gimnasio cinco veces por semana, reduciendo aproximadamente al 50 % el peso que utilizaba en sus ejercicios y evitando algunos movimientos de impacto. No obstante, cada vez que terminaba una rutina, el dolor aumentaba y podía permanecer durante varias horas. Lo que comenzó siendo una molestia leve terminó convirtiéndose en un dolor constante que calificaba como 7 de 10 en la Escala Visual Analógica, especialmente al bajar escaleras, permanecer mucho tiempo de pie o realizar flexiones de rodilla.
Al ver que la situación empeoraba, decidió acudir a una clínica de fisioterapia. Allí recibió un tratamiento convencional de 10 sesiones, realizadas de lunes a viernes durante dos semanas consecutivas. Cada sesión tenía una duración aproximada de 50 minutos. Los primeros 20 minutos consistían en la aplicación de electroterapia tipo TENS para disminuir el dolor. Posteriormente recibía 8 minutos de ultrasonido terapéutico alrededor de la articulación femoropatelar con el objetivo de reducir la inflamación y favorecer la recuperación de los tejidos. Después, el fisioterapeuta realizaba entre 10 y 15 minutos de masaje terapéutico sobre el cuádriceps, la banda iliotibial y los músculos alrededor de la rodilla para disminuir la tensión muscular. Finalmente le indicaban algunos estiramientos pasivos y le recomendaban guardar reposo relativo, evitar correr, saltar y realizar sentadillas profundas hasta que desapareciera el dolor. Aunque durante esas semanas sentía alivio al salir de cada sesión, la mejoría era únicamente temporal. Bastaba con intentar regresar al entrenamiento para que el dolor reapareciera con la misma intensidad.
Frustrada porque la fisioterapia no le había permitido volver a trabajar, aceptó la recomendación de realizarse una infiltración. Durante los primeros diez días experimentó una disminución importante del dolor, lo que le hizo pensar que finalmente estaba recuperándose. Sin embargo, al reiniciar sus entrenamientos el dolor regresó nuevamente, incluso con mayor intensidad. En ese momento comprendió que ninguna de las soluciones rápidas que había probado estaba resolviendo el verdadero problema.
Debido a que ya no podía demostrar correctamente los ejercicios durante las clases, el administrador del gimnasio decidió suspender temporalmente sus actividades laborales. Le explicó que entendía su situación, pero que un coach debía ser capaz de ejecutar los movimientos con seguridad para enseñar a los clientes. Le pidió que regresara cuando estuviera completamente recuperada. Aunque Kathy comprendió la decisión, salió muy afectada emocionalmente porque sentía que estaba perdiendo el trabajo que tanto esfuerzo le había costado conseguir después de graduarse.
Actualmente pasa la mayor parte del tiempo en casa buscando alternativas para aliviar su dolor. Todas las mañanas, alrededor de las 9:00 a.m., dedica varias horas a buscar información en YouTube, TikTok e Instagram sobre ejercicios para la condromalacia patelar. Ha seguido numerosas rutinas recomendadas por diferentes creadores de contenido, ha comprado bandas elásticas y otros implementos para entrenar desde casa e intenta fortalecer la rodilla por su cuenta. Sin embargo, la mayoría de las veces abandona los ejercicios después de pocos días porque el dolor vuelve a aparecer, lo que aumenta aún más su frustración y su sensación de no estar avanzando.
El impacto emocional ha sido tan grande como el físico. Todas las noches, aproximadamente a las 11:00 p.m., se acuesta con su teléfono celular y pasa entre una y dos horas viendo videos de personas que cuentan cómo lograron recuperarse de lesiones similares. Mientras observa esos testimonios siente esperanza de encontrar una solución, pero también experimenta tristeza al comparar su progreso con el de otros. En muchas ocasiones termina llorando antes de dormir porque tiene miedo de no volver a entrenar sin dolor, de perder definitivamente su trabajo y de dejar atrás la profesión que más ama. Su mayor deseo no es únicamente eliminar el dolor de la rodilla, sino recuperar su independencia, volver a enseñar con confianza y regresar al gimnasio para hacer aquello que siempre le ha apasionado: ayudar a otras personas a mejorar su salud a través del ejercicio.