El "NO" como respuesta oficial a todo.
Cuando "Restallín" cumplió los 2 años, empezó la etapa donde el 𝐍𝐎 es la respuesta oficial para todo. Al parecer, está descubriendo que es un "𝐬𝐞𝐫" 𝐢𝐧𝐝𝐞𝐩𝐞𝐧𝐝𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 y necesita comprobarlo y reafirmarlo a cada segundo. Tras leer alguna info sobre esto, empecé a decirle 𝐕𝐀𝐋𝐄 cada vez que me decía que no, y funcionaba. Pero no era solo el "vale", lo acompañaba de 𝐮𝐧 𝐩𝐚𝐫 𝐝𝐞 𝐨𝐩𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 para que eligiera: — Vamos a poner los zapatos. — ¡No! — Vale. ¿Quieres las botas de agua o los playeros blancos? Y, como por arte de magia, funcionaba. Se supone que es porque, al no entrar en el "𝐜𝐡𝐨𝐪𝐮𝐞" y dejarle elegir, siente que 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐞𝐥 𝐂𝐎𝐍𝐓𝐑𝐎𝐋. El problema es que ahora ya han pasado unos meses desde que cumplió los 2 años y siento que ya no la "𝐞𝐧𝐠𝐚ñ𝐨" tan fácil. El otro día me pasó: un 𝐍𝐎 𝐫𝐨𝐭𝐮𝐧𝐝𝐨 a la hora de poner el pijama. Probé lo de siempre: "¿El de ositos o el de pajaritos?", y me respondió: ¡𝐍𝐈𝐍𝐆𝐔𝐍𝐎! Me quedé congelada... y estuve "peleando" media hora hasta que por fin se lo puse. Me dejó pensativa. Al día siguiente pasó lo mismo, pero ¿𝐐𝐮é 𝐡𝐢𝐜𝐞? Me paré a pensar por qué no quería ponérselo. Y claro, justo antes del pijama se pone a jugar encima de la cama, hace como que está nadando y se lo pasa pipa. Me di cuenta, es normal que no quiera dejar de hacer algo con lo que se está divirtiendo tanto. Al día siguiente, cuando volvió a decirme que 𝐍𝐎, le dije: "𝐕𝐚𝐥𝐞, veo que lo estás pasando muy bien jugando y por eso no te lo quieres poner ahora. Voy a poner 𝟐 𝐜𝐚𝐧𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 en el teléfono; cuando terminen, te ayudo a ponerte el pijama. Y después, si quieres, puedes seguir jugando en la cama hasta que vayamos a cenar". Cuando terminó el segundo hit de la Granja de Zenón, ella misma me dijo: "𝐌𝐚𝐦á, 𝐯𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐚 𝐩𝐨𝐧𝐞𝐫 𝐞𝐥 𝐩𝐢𝐣𝐚𝐦𝐚". Si no hubiera 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐧𝐭𝐚𝐝𝐨 𝐄𝐍𝐓𝐄𝐍𝐃𝐄𝐑 por qué de repente se negaba a algo que antes hacía sin problema, seguramente no me habría dado cuenta de que el problema no era el pijama, sino que lo estaba pasando 𝐝𝐞𝐦𝐚𝐬𝐢𝐚𝐝𝐨 𝐛𝐢𝐞𝐧 "nadando" en la cama, y yo llegaba cada día a romperle el plan. Al pararme a 𝐏𝐄𝐍𝐒𝐀𝐑 qué había detrás de ese "no", cambió todo.