Agarrá una hoja y anotá los últimos 5 clientes que cerraste. Al lado de cada uno escribí cómo llegó… Un cliente anterior que te recomendó, un colega, alguien que te vio en una charla, un anuncio. Ahora mirá la columna. Si casi todos llegaron por la misma persona, o por gente que no controlás, sacá la cuenta de cuánto aguantarías si mañana ninguno de ellos te manda a nadie. Un referido ya viene con la confianza de quien lo mandó, así que suele cerrar más fácil y preguntar menos. Pero no sabés cuándo llega el próximo, porque depende de que alguien se acuerde de vos justo cuando conoce a alguien que te necesita. Puede funcionar algunos meses. Y un día quien más te mandaba cambia de rubro o se olvida de vos. Tu trabajo sigue igual de bueno, pero no tenés otro lado de donde salgan clientes. Armar otra vía lleva tiempo, así que yo empezaría ahora, con la agenda todavía ocupada. Si hoy casi todo te llega por recomendación y querés ver qué podrías armar además de eso, comentá REFERIDOS. Te escribo por acá y vemos si tiene sentido profundizar en una llamada.