Cuando aceptamos que las autolesiones, las crisis, el insomnio o el dolor son simplemente «parte del autismo», sin cuestionar si existe algo más, podemos estar dejando problemas de salud sin investigar.
No basta con querer que nuestros hijos estén mejor. Hay que implicarse, hacer preguntas, buscar profesionales, trabajar sus necesidades y no conformarse con respuestas que no explican su sufrimiento.