Bueno, legalmente sí soy autónomo, pero reconozco que cada vez me gusta más decir que soy freelance. No porque quede más moderno ni porque quiera utilizar un anglicismo porque sí, sino porque me resulta curioso todo lo que hemos acabado asociando en España a la palabra autónomo. Cuando dices que eres autónomo, dependiendo de quién tengas delante y del contexto en el que lo digas, puedes encontrarte con una mezcla bastante curiosa entre admiración y compasión. Por un lado está el “qué valiente”, pero por otro aparece casi inmediatamente el “madre mía, ¿y cómo se te ocurre?”. Es como si hacerse autónomo fuera una especie de deporte de riesgo y, en cierta manera, entiendo de dónde viene esa percepción. Ser autónomo supone asumir responsabilidades, gastos, meses mejores y meses peores, clientes que llegan y otros que se van, y sobre todo aceptar que muchas de las decisiones que antes tomaba otra persona por ti ahora dependen directamente de ti. Por eso me resulta más atractiva la palabra freelance. Al final estamos hablando prácticamente de lo mismo, pero hasta el propio término contiene una palabra que para mí resume bastante bien una de las razones por las que decidí dar el paso: free. Libertad. Aunque conviene aclarar algo desde el principio: libertad no significa necesariamente trabajar menos. De hecho, probablemente muchas veces acabes trabajando más. La diferencia está en poder decidir con quién trabajas, qué proyectos quieres aceptar, qué ideas quieres desarrollar, cómo organizas tu agenda y, sobre todo, hacia dónde quieres llevar tu propia vida profesional. Ahora bien, esa libertad tiene un precio, y no me refiero únicamente a la famosa cuota de autónomos. Para mí, una de las capacidades fundamentales que necesita cualquier persona que quiera emprender es aprender a convivir con la incertidumbre. Especialmente al principio, cuando pasas de saber aproximadamente cuánto vas a cobrar el mes siguiente a asumir que una parte importante de tus ingresos dependerá de las decisiones que tomes, de los clientes que consigas y de tu capacidad para generar nuevas oportunidades.