Hay una diferencia fundamental entre ocupar un espacio y habitar un mundo. Un territorio puede describirse mediante sus coordenadas geográficas, su clima, sus recursos o sus características físicas; pero, para quienes viven en él, ese mismo territorio contiene recuerdos, prohibiciones, historias familiares, lugares sagrados, oportunidades económicas, fronteras simbólicas y expectativas de futuro. Una montaña puede ser una formación geológica, un espacio de pastoreo, el escenario de una leyenda o el lugar donde una comunidad sitúa el origen de sus antepasados. Ninguna de estas dimensiones elimina las demás. Lo que cambia es la trama de relaciones a través de la cual ese lugar adquiere sentido. Esta diferencia permite formular una idea que puede servir como punto de partida para comprender el alcance de la antropología: los seres humanos no se limitan a vivir en un mundo previamente constituido, sino que participan en la construcción de los mundos que habitan. Lo hacen mediante sus relaciones sociales, sus actividades económicas, sus sistemas de parentesco, sus lenguajes, sus creencias, sus tecnologías, sus instituciones y sus formas de interpretar la experiencia. Sin embargo, esos mundos tampoco son invenciones arbitrarias que cada individuo pueda modificar a voluntad. Una vez constituidos, poseen una consistencia propia: distribuyen recursos, establecen obligaciones, delimitan posibilidades, transmiten conocimientos y condicionan aquello que sus habitantes pueden pensar, sentir y hacer. La antropología encuentra en esta relación una de sus cuestiones más fértiles. Podríamos entenderla como el estudio de los sistemas mediante los cuales los seres humanos construyen mundos, los habitan, les atribuyen significado y, al actuar dentro de ellos, los vuelven a transformar. La formulación no pretende sustituir todas las definiciones existentes de la disciplina, ni reducir su diversidad teórica y metodológica a una única perspectiva. Propone, más bien, una manera integradora de contemplar sus grandes problemas: comprender cómo se forman los mundos humanos, cómo adquieren estabilidad y cómo cambian a través de la vida que transcurre en su interior.