Son las doce pasadas y, sinceramente, no puedo con mi alma.
Llevo un rato intentando ser productivo, pero el motor no arranca.
No sé si es el cansancio acumulado, la falta de luz solar que llevamos esta semana (que parece que vivimos en Londres) o, siendo realistas, el pedazo de bocata que me acabo de echar entre pecho y espalda.
Entre la cena de ayer, la "posible" resaca que todavía colea y este último "homenaje" en forma de pan, mi cerebro ha decidido que hoy no se trabaja.
Aquí estoy yo: derrotado por un bocadillo.
Y la verdad, me siento hasta bien admitiéndolo.
He decidido que hoy voy a hacer esto:
- No voy a forzar el motor. Mi cuerpo me pide sofá para procesar el bocata y se lo voy a dar. Sé que si me fuerzo hoy, solo estoy comprando papeletas para tener un lunes de mierda.
- Asumo que la vitamina D brilla por su ausencia. Con este tiempo de grises, me he dado cuenta de que es normal tener la energía de una patata. No me voy a castigar, entiendo que es algo biológico.
- Mañana ya volveré a la carga. Tengo claro que mi valor como emprendedor no se mide por lo que produzca hoy con el botón del pantalón a punto de saltar.
Escribo esto para quitarme la culpa y para ver si soy el único bicho raro que hoy ha cambiado la "mentalidad de tiburón" por la "mentalidad de siesta". ¿Quién más está en el club del domingo bloqueado?
Confiesa: ¿Es el tiempo, es la cena de ayer o te has pasado tú también con el "almuerzo"?
Te leo abajo (cuando termine de digerir). 🤣🤜🤛