En este post voy a tocar un tema bastante disruptivo, que no se ni en que categoría colarlo.
Va que empiezo!!!
Veo un umbral curioso en el emprendimiento. Un momento en el que la línea entre tu mundo interior y tu realidad exterior se desdibuja.
Empiezan a suceder cosas. Ideas que se repiten como un eco. Personas que aparecen justo en el instante de mayor bloqueo, como si hubieran escuchado una llamada silenciosa. Mensajes en libros o canciones que parecen respuestas directas a preguntas que solo tú sabías que tenías. Casualidades o sincronicidades que parecen formar un patrón incomprensible.
La mente lógica, siempre necesitada de etiquetas, corre a llamarlo apofenia o pareidolia: "es solo tu cerebro buscando orden en el caos".
Pero cuando emprendes desde la esencia, sabes que hay algo más. Porque crear un negocio no es solo levantar una estructura externa; es un acto de alquimia interna.
Es mirarte al espejo sin filtros. Es ponerte frente a tus sombras y decidir iluminarlas. Es tomar decisiones que antes tu ego evitaba para protegerte.
Y cuando haces ese profundo trabajo interno, tu vibración cambia. Y con ella, tu mirada.
No es necesariamente que el universo te lance señales de neón. Es que tú, por fin, estás despierto.
Dejas de operar desde el ruido y la carencia, y empiezas a notar la sutileza. Tu intuición deja de ser un susurro y se convierte en una brújula clara. Empiezas a distinguir qué resuena contigo y qué es solo distracción.
Un emprendedor en lucha ve obstáculos. Un emprendedor en coherencia empieza a ver la profundidad del camino.
Las sincronicidades no harán el trabajo sucio por ti. No sustituyen la disciplina ni la estrategia. Pero son guiños sutiles. Pequeñas confirmaciones de que estás en el flujo. De que lo que piensas, lo que sientes y lo que materializas están, por fin, danzando al mismo ritmo.
Por eso, a veces el negocio no se desbloquea con otra técnica de marketing, sino ordenando tu propia energía. Cuando hay paz dentro, la decisión fluye. Cuando hay foco, la elección es evidente. Cuando hay coherencia, el camino se vuelve sagrado.
No más fácil. Pero sí infinitamente más claro.
No se trata de vivir buscando señales obsesivamente. Se trata de estar lo suficientemente presente para honrarlas cuando aparecen… y no depender de ellas para dar el siguiente paso.
Porque al final, en los negocios y en la vida, no avanza quien ve más luces, sino quien sabe escucharse a sí mismo en el silencio y actuar con verdad.
Vuelvo a terminar hoy con el tema del SILENCIO
¿Os ha pasado alguna vez una 'casualidad' muy loca con vuestro negocio que no tenga explicación lógica? Os leo 👇