He observado durante tiempo a dos tipos de emprendedores que empiezan desde el mismo punto, con el mismo conocimiento, las mismas herramientas y el mismo punto de partida. Uno crece y el otro se queda atascado. Y la diferencia casi nunca está donde la mayoría busca porque no está en la estrategia, no está en el nicho, no está en el precio ni en el funnel... Está en la relación que cada uno tiene consigo mismo. El que crece tiene una relación sólida con sus compromisos. Cuando se dice que va a hacer algo, lo hace, no siempre perfectamente pero lo hace. El que se queda atascado tiene una brecha enorme entre lo que se dice y lo que ejecuta y esa brecha, repetida semana tras semana, se convierte en una identidad: soy alguien que empieza pero no termina. Desde esa identidad construir algo sólido es casi imposible porque el negocio crece al ritmo de la confianza que tienes en ti mismo y esa confianza no se construye con afirmaciones ni con motivación. Se construye cumpliendo lo que te dices cada día. ¿Cuánta confianza tienes ahora mismo en tu propia palabra?