Una lección de Woorkia que nos costó aprender: no todos los clientes merecen un sí. Al principio aceptábamos cualquier proyecto, y los que peor nos salían eran siempre los mismos: los que regateaban desde la primera llamada y los que no sabían lo que querían. 😅 Ahora, antes de aceptar, nos hacemos tres preguntas: ¿tiene claro qué quiere conseguir?, ¿respeta nuestro proceso y nuestros plazos?, ¿el presupuesto encaja con el trabajo real? Si fallan dos de las tres, decimos que no, con educación y sin dar vueltas. 🙌 Decir que no te libera tiempo para los clientes buenos, los que pagan a tiempo y recomiendan. Y un no bien dicho muchas veces acaba volviendo como un sí, pero con mejores condiciones. 💪