Hay cosas muy curiosas.
Por ejemplo.
Cuando eras pequeña y compartías tus juguetes...
eras buena.
Cuando ayudabas a alguien...
eras buena.
Cuando dejabas pasar a otro delante...
eras buena.
Y una va creciendo.
Y creciendo.
Y creciendo.😜
Y sin darse cuenta aprende algo muy raro.
Que decir que sí está bien.
Que ayudar está bien.
Que estar para los demás está bien.
Todo correcto.
Hasta aquí ninguna queja.🤷♀️
Lo curioso es que nadie te cuenta la segunda parte.
Porque un día dices:
—Hoy no.
Y de repente te sientes más rara que un pingüino en Benidorm.😜
—No puedo.
—No me apetece.
—Ya tengo planes.
Aunque esos planes consistan en ponerte el pijama a las seis de la tarde y desaparecer del mundo.😂
Y entonces aparece la culpa.
Como si acabaras de cometer un delito internacional.🤦♀️
Y aquí es donde me gustaría sentarme contigo a tomar un café.
Porque te haría una pregunta.
¿Quién decidió que decir NO era sospechoso?😱
Porque muchas aprendimos a sentirnos culpables cuando decíamos NO.
Pero nadie nos enseñó a sentirnos tranquilas cuando lo hacíamos.
Y sinceramente...
hay días en los que decir:
—Hoy no.
Es el acto de amor más grande que puedes tener contigo misma.❤️
Aunque luego tengas que explicárselo a esa parte de ti que sigue creyendo que para ser buena hay que estar disponible 24 horas al día.😜