A veces parece que estamos esperando un mensaje.
Pero en realidad estamos esperando algo mucho más profundo.
Esperamos sentir que importamos.
Cuando el móvil permanece en silencio, muchas personas sienten inquietud, ansiedad o un nudo en el pecho. Y ese malestar rara vez tiene que ver solo con la persona que no responde.
Tiene que ver con una historia emocional más antigua.
Si durante la infancia el amor llegó mezclado con distancia, silencio o atención intermitente, el sistema emocional aprende a asociar la espera con inseguridad.
Entonces la mente se queda enganchada al móvil buscando una señal que calme esa sensación.
Comprender esto cambia la mirada.
Porque deja de ser una cuestión de “que alguien responda” y se convierte en una oportunidad para aprender a sostenerse por dentro.
La verdadera calma aparece cuando empiezas a darte a ti misma esa mirada que tanto esperabas fuera.
Dale, vamos a querernos bien.