No vas a lograr nada si no haces esto primero… métete en la cabeza que no eres una víctima, estás donde decidiste estar, sea el cielo o el infierno, estás viviendo la manifestación del acumulado de tus decisiones.
Y no importa si naciste pobre o rico, o los traumas de infancia que tengas, no tienes la culpa de haberlos vivido, pero si tienes la responsabilidad de agarrarlos por las astas y convertirlos en tu mayor fortaleza. Si estás aquí para que lloren contigo no estás en el lugar correcto. Claro que puedes llorar y claro que te puede doler lo que hayas vivido pero no te vas a quedar como víctima. Desde hoy te quitas esa etiqueta de la cabeza, porque no viene de Dios. Mientras no decidas hacerlo ninguna técnica funcionará.
Si tienes la etiqueta de víctima en la frente, te quitas toda oportunidad de redención, de progreso, de perdón, de avance… ya que una víctima no es responsable de nada por lo tanto no pide perdón ni busca mejoras.
El ejercicio que me cambió la mente:
(No sé si tiene nombre, la hice intuitivamente y no volví a ser el mismo)
Paso 1: Vas a buscar un espacio a solas donde no te interrumpan, un espejo, pagarás las notificaciones, pondrás música suave o de preferencia ondas alfa, (Dejaré algunos enlaces que te pueden ayudar en el primer comentario), te vas desnudar frente al espejo, y te sentarás a hablar contigo. Al inicio te sentirás incómodo, esa es la idea: Que te observes tal cual eres por dentro y fuera, tomes conciencia, responsabilidad y acción.
Vas a enfrentarte a esa mentalidad que te ha saboteado y alejado oportunidades durante tanto tiempo, tu diálogo interno, tu orgullo defensivo. Te vas mirar fijamente a los ojos, te vas a pedir perdón y te vas a decir: “lamento lo que has vivido, no tenias la culpa, pero si tienes la responsabilidad, te agradezco y ahora haremos estos cambios… (acciones y rutinas concretas”…no eres una víctima, no eres la presa, no eres débil, cambia esa etiqueta por: “Hijo de Dios, valiente y determinado”, es la única que necesitas.
Vas a soltar la culpa pero tomar muy fuerte tu responsabilidad. Desde este momento ya no eres un evasor de problemas, les vas a dar la cara y vas a abrazar la incomodidad en todo momento. Lograr eso restaurará tu honor, autoconfianza y empezará a reparar ese carácter sometido y doblegado que la sociedad actual te inculcó (carácter no es lo mismo que temperamento).
Normalmente a esta altura las palabras sobran, no necesitas un guión. Tal vez te nazca pedirte perdón, recordar algo, sanar tu niño interior, hablar de tus metas, etc. Debes fluir en ese momento y dejar que tu corazón hable y sane. Empieza de a pocos. Date el permiso de llorar si es necesario o reír a carcajadas.
Sea cual el tema, recuerdo o herida que tu espíritu te lleve a tocar, el orden es el siguiente:
1.Reconozco mi error.
2.Asumo mi responsabilidad.
3.Agradezco la lección.
4.Hoy actúo diferente. (programar acciones concretas)
Lo que sí es seguro es que no serás el mismo después de hacer este ejercicio.
Pero es solo el inicio. Más adelante te contaré más detalles de esta práctica y versiones más poderosas de esta misma.
Ve y hazlo, regresa a contarnos cómo te sientes y que te pasó en el proceso. Eso inspirará a otros.
Te esperamos
*Tip extra: algo que me sirvió a mi fue recordar mis heridas y carencias de infancia y abrazar e imaginar que mi versión adulta abrazaba a ese niño y eran cuidados por Dios, lloré y agradecí mucho*