Me resulta muy interesante este tema, porque nos permite identificar y resolver un conflicto donde dos conductas que se contraponen no permiten alcanzar un objetivo. Responden a un estado de “quiero, y no debo”, “quiero, pero no puedo”, por ejemplo, quiero estudiar alemán, pero no puedo porque en ese tiempo quiero ir al gimnasio.
Es un conflicto interno, porque se manifiesta dentro de la misma persona: son conflictos entre las diferentes partes de uno mismo, y como ninguna parte es más importante que la otra y ambas tienen intención positiva, se desarrolla una “negociación”, donde se identifican las conductas en oposición, los motivos de existencia de cada una, el reconocimiento de una de ellas hacia la otra y viceversa, la presentación de recursos que cada una puede aportar y tomar de la otra, dando como resultado pasar de la inacción a la acción.
Me gusta este ejercicio que nos muestra que dentro del conflicto encontramos la solución, que de forma colaborativa vislumbramos una solución que es mejor que la suma de cada parte, que nace de la integración.
Se utilizan las posiciones perceptuales, los estados asociado y disociado, la corporalidad y los sistemas representacionales visual, auditivo y kinestésico, anclajes y metalenguaje
Este ejercicio, que para mí va más allá de una práctica, es una invitación amorosa para vivir en estado de congruencia, donde todas nuestras partes conviven en armonía y tenemos acceso a nuestros recursos.
Me quedo con la idea que me resuena “Los niños pequeños, son casi siempre congruentes: cuando quieren algo, lo quieren con todo su Ser”