El cansancio que no se nota
Hay un cansancio que no se ve. No se nota en la agenda.. No se refleja en los logros. Es el cansancio de sostenerte a ti misma todo el tiempo. De pensar antes de sentir. De poder con todo, incluso cuando ya no puedes. De seguir funcionando aunque algo dentro tuyo esté pidiendo pausa hace rato. Este tipo de agotamiento no se quita durmiendo más. Tampoco desaparece con vacaciones, ni con “organizarse mejor”. Porque no nace del cuerpo. Nace de vivir desconectada de tu ritmo interno. Muchas mujeres llegan a este punto sin darse cuenta. Un día simplemente notan que: – nada las entusiasma como antes – están más irritables o más planas – hacen lo que tienen que hacer, pero sin presencia – sienten una insatisfacción difícil de explicar Y entonces se exigen más. Se corrigen. Se empujan. Cuando en realidad, lo que está pasando no es falta de voluntad. Es falta de orden interno. Orden no como rigidez. Sino como alineación. Como coherencia entre lo que haces, lo que sientes y lo que necesitas. El cansancio invisible es una señal. No un defecto. No una debilidad. Es tu sistema diciendo: “así como estoy funcionando, ya no me alcanza para vivir en paz”. Si algo de esto te resuena, no intentes arreglarlo hoy. Solo obsérvalo con honestidad. A veces, el primer acto de autocuidado no es hacer algo más, sino dejar de exigirte entenderlo todo de inmediato. Respira. Nombrar ya es empezar a ordenar. Pregunta: ¿Dónde sientes hoy ese cansancio invisible con más fuerza?