La sombra no se trabaja empujándola.
No se vence.
No se corrige.
A la sombra hay que dejarla sin escondites.
Mientras intentas mejorarla, se disfraza.
Mientras la explicas, se reorganiza.
Mientras la justificas, gana tiempo.
La confrontación no es agresión.
Es presencia sostenida.
Mirar sin huir.
Nombrar sin adornar.
Permanecer sin negociar.
No hay catarsis.
No hay alivio inmediato.
Hay incomodidad lúcida.
Eso es señal de que funciona.
Cuando algo no puede esconderse, deja de mandar.
No porque lo hayas eliminado,
sino porque ya no gobierna desde la sombra.